Había empezado a correr
siguiendo a Gäel, que ya se encontraba algo lejos. Aunque lo bueno
de aquello era que todavía escuchaba por donde iba, ya que se había
vuelto a encaramar a un árbol e iba de rama en rama siguiendo a
aquellos tres que perseguíamos. La verdad es que iba más deprisa
saltando de aquella forma, como si de un mono o un gato se tratara,
que corriendo como yo lo estaba haciendo.
Me sentía algo mal por
hacer que tanto Karl como Nessa se quedaran atrás. Además, ya sé
que les dije que no conocíamos la fuerza de nuestros adversarios y
por eso mejor que se quedaran atrás vigilando al que todavía estaba
allí. Sin embargo, aquella norma también se podía aplicar a
nosotros: Ellos eran tres y nosotros dos. Por mucho que no quisiera,
Karl tenía parte de razón cuando me dijo que deberíamos haber
equilibrado fuerzas, pero no me hubiera sentido bien dejando a Nessa
sola para enfrentarse a aquel tipejo, ya que no conocía realmente
cuales eran sus habilidades y no quise arriesgarme a que le pasara
algo. Y, por otra parte, tampoco hubiera estado tranquilo dejando a
Karl a cargo, por muy fuerte que pudiera ser. Sinceramente, le estaba
dando demasiados rodeos a algo que en ese momento no tenía mucho
sentido tener en mente, por lo que decidí pasar del tema y centrarme
en lo que aún nos quedaba por delante.
La persecución se alargó
más de lo que hubiera esperado. Poco a poco, iba perdiendo a Gäel,
el cual se adentraba en las profundidades del bosque a más velocidad
de la que yo podría presumir que corría. Fue agotador... no solo
habíamos pasado un día de mierda para llegar a Vregardia, corriendo
sin parar y sin haber probado un solo bocado, sino que además, al
haber cenado recientemente, me estaban dando varios pinchazos en el
costado. Por no hablar de la herida que me había provocado el
indeseable aquel, que no parecía que fuera a dejar de sangrar de la
forma tan paulatina con la que lo hacía.
En un momento dado,
conseguí alcanzar a Gäel, quien se encontraba quieto ante uno de
aquellos tres sujetos de ropajes oscuros. Evidentemente, los tres
iban vestidos de la misma forma, pero creí reconocer que se trataba
del que en un principio llevaba a cuestas a su jefe.
-Hasta aquí llegáis...
¡No os dejaré pasar!
Mientras escuchaba a
aquel bastardo decir su advertencia tan poco amenazante, continuaba
jadeando de cansancio al lado de Gäel a la vez que maldecía en mi
interior el momento en que cambiaron los roles. Digo ésto porque al
cambiar las posiciones, supuestamente, el tipo que me había clavado
aquella aguja se habría ido junto a su líder y no podría atraparle
para devolverle lo que me había hecho. Era en lo único que pensaba.
Al escuchar aquella
estupidez, Gäel se encaró ante aquel sujeto descaradamente
optimista.
-¡Hahahahaha! ¡Vamos!
¿Qué vas a hacer tú solo contra nosotros? ¡Aparta de ahí y deja
de hacernos perder el tiempo si no quieres morir joven!
Aquel personaje que se
encontraba frente a nosotros puso su mano derecha sobre el sombrero
de fieltro que llevaba, como si se lo fuera a ajustar, y dijo una
frase que nos inquietó bastante.
-Me gustaría comunicaros
una pequeña cosa... No puedes matar lo que ya está muerto.
Intentamos vernos lo
menos afectados posible por la frase que nos soltó así sin más,
por mucho que aquello pudiera echar para atrás al más valiente.
Pero las sorpresas no se quedaron ahí. Aquel individuo se quitó de
golpe tanto la gabardina como el resto de indumentarias oscuras que
pudieran cubrirle de cintura para arriba y lo que vimos fue
aterrador... aunque decir el termino “aterrador” en aquella
situación podría quedarse bastante corto para lo que en realidad
era. Allí se plantaba delante de nuestras retinas un ser que, de lo
que dejaba ver la mitad de su cuerpo descubierto, mostraba ápices
mitad antropomorfos, mitad vampirescos; una existencia que presentaba
rasgos humanos pero que también tenía unas enormes alas que había
desplegado y unas orejas y colmillos más semejantes a los de un
murciélago.
Tanto Gäel como yo dimos
un potente respingo al ver aquella criatura, mientras ésta nos
miraba con sus ojos rojos como la sangre y comenzaba a batir sus alas
para elevarse del suelo. Aterrados y empalidecidos a causa del terror
que suponía aquella presencia, yo al menos, no supimos mover ni un
solo dedo. Cuando por fin pensaba que estaba curado de espanto y ya
nada podría asustarme, el miedo de nuevo me paralizaba con aquella
grotesca visión. Gäel por fin consiguió reaccionar y se dispuso a
atacar, sin embargo aquel extraño no quiso permitírselo.
-No debisteis meteros
donde no os llamaban. ¡DESPEDÍOS DE VUESTRA MISERABLE VIDA!
Al acabar de hablar,
lanzó un intenso y potente alarido, cuya agudeza parecía que nos
iba a horadar y reventar los tímpanos. Al segundo, nos tapamos los
oídos para intentar suavizar aquella melodía mortal pero, si antes
el terror ya nos había inmovilizado lo suficiente, tanto física
como mentalmente, aquellos chillidos que se metían hasta en las
entrañas nos terminaban de estancar por completo en un estado de
parálisis perpetuo. No podíamos hacer nada en absoluto. Los gritos
que profería aquel engendro comenzaban incluso a marearnos y
empezábamos a sentirnos como si fuéramos a perder el conocimiento.
De repente se detuvo y se
lanzó en un ataque en picado desde su posición hacia nosotros.
Aunque ya había parado de chillar, en nuestra cabeza retumbaba un
bucle de ultrasonidos que nos había dejado sordos y mareados
totalmente. Sinceramente... aquel era nuestro fin.
Ya tan solo le quedaban
unos metros para abalanzarse completamente sobre nosotros, y mis
únicos pensamientos eran las palabras “No es el lugar ni el modo
en el que debería morir”, mezclándose junto al oleaje de nauseas
y al principio de paranoia que me empezaba a afectar a la cabeza.
Digo paranoia, ya que la mente se me nublaba y sufría la intromisión
de extraños resquicios de locura; como si al completo deseo de vivir
que tenía se le añadiera una oscuridad bizarra que no me dejaba
llevar a cabo por completo ese deseo.
Sin embargo, parecía
como si en verdad mi deseo de vivir se hubiera convertido en alguna
especie de plegaria, ya que una sombra derribó al sujeto medio
murciélago de un solo golpe. Cuando por fin pude contemplar cómo
mis sentidos reaccionaban y volvía a ser dueño de ellos, pude
contemplar que no se trataba de una mera sombra, sino de tres
individuos que habían plantado cara a aquel ser.
-Parece que hemoh llega'o
en buen momento...
-Ésto me recuerda a la
teoría de aquel tipo tan extraño... Ya sabéis, aquella teoría que
defendía que la reacción provocada por el empleo de tres agentes
químicos equitativos entre sí en una formación corruptora es
eficaz en un 300% si es llevada a cabo de forma triangular, ¿lo
pilláis?
-¡Ha... ! ¡Ha... !
¡Ha... ! ¡Vamos, tío! ¡Ésto no tiene nada que ver!
Aquellas tres voces eran
conocidas a mis oídos, sin embargo no terminaba de caer del burro.
Pero Gäel los reconoció al instante.
-¡Vaya! ¡Estamos de
suerte! ¡Los tres “mosqueinútiles” al rescate! ¿Qué hacéis
aquí?
Fue entonces cuando por
fin conseguí reconocer aquellas voces tan peculiares.
-¿Así eh como
saludah... - Uno de ellos, seguramente el tal Mike, se fue volviendo
hacia nosotros, mostrando una extraña sonrisa de
satisfacción, levantando el pulgar a modo de victoria, mientras al unísono continuaba hablando - ...a loh máh grandísimoh héroeh de
Vregardia?
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