5 ago 2012

Capítulo 46: -Suceso "monstruosamente" inesperado


Había empezado a correr siguiendo a Gäel, que ya se encontraba algo lejos. Aunque lo bueno de aquello era que todavía escuchaba por donde iba, ya que se había vuelto a encaramar a un árbol e iba de rama en rama siguiendo a aquellos tres que perseguíamos. La verdad es que iba más deprisa saltando de aquella forma, como si de un mono o un gato se tratara, que corriendo como yo lo estaba haciendo.
Me sentía algo mal por hacer que tanto Karl como Nessa se quedaran atrás. Además, ya sé que les dije que no conocíamos la fuerza de nuestros adversarios y por eso mejor que se quedaran atrás vigilando al que todavía estaba allí. Sin embargo, aquella norma también se podía aplicar a nosotros: Ellos eran tres y nosotros dos. Por mucho que no quisiera, Karl tenía parte de razón cuando me dijo que deberíamos haber equilibrado fuerzas, pero no me hubiera sentido bien dejando a Nessa sola para enfrentarse a aquel tipejo, ya que no conocía realmente cuales eran sus habilidades y no quise arriesgarme a que le pasara algo. Y, por otra parte, tampoco hubiera estado tranquilo dejando a Karl a cargo, por muy fuerte que pudiera ser. Sinceramente, le estaba dando demasiados rodeos a algo que en ese momento no tenía mucho sentido tener en mente, por lo que decidí pasar del tema y centrarme en lo que aún nos quedaba por delante.
La persecución se alargó más de lo que hubiera esperado. Poco a poco, iba perdiendo a Gäel, el cual se adentraba en las profundidades del bosque a más velocidad de la que yo podría presumir que corría. Fue agotador... no solo habíamos pasado un día de mierda para llegar a Vregardia, corriendo sin parar y sin haber probado un solo bocado, sino que además, al haber cenado recientemente, me estaban dando varios pinchazos en el costado. Por no hablar de la herida que me había provocado el indeseable aquel, que no parecía que fuera a dejar de sangrar de la forma tan paulatina con la que lo hacía.
En un momento dado, conseguí alcanzar a Gäel, quien se encontraba quieto ante uno de aquellos tres sujetos de ropajes oscuros. Evidentemente, los tres iban vestidos de la misma forma, pero creí reconocer que se trataba del que en un principio llevaba a cuestas a su jefe.

-Hasta aquí llegáis... ¡No os dejaré pasar!

Mientras escuchaba a aquel bastardo decir su advertencia tan poco amenazante, continuaba jadeando de cansancio al lado de Gäel a la vez que maldecía en mi interior el momento en que cambiaron los roles. Digo ésto porque al cambiar las posiciones, supuestamente, el tipo que me había clavado aquella aguja se habría ido junto a su líder y no podría atraparle para devolverle lo que me había hecho. Era en lo único que pensaba.
Al escuchar aquella estupidez, Gäel se encaró ante aquel sujeto descaradamente optimista.

-¡Hahahahaha! ¡Vamos! ¿Qué vas a hacer tú solo contra nosotros? ¡Aparta de ahí y deja de hacernos perder el tiempo si no quieres morir joven!

Aquel personaje que se encontraba frente a nosotros puso su mano derecha sobre el sombrero de fieltro que llevaba, como si se lo fuera a ajustar, y dijo una frase que nos inquietó bastante.

-Me gustaría comunicaros una pequeña cosa... No puedes matar lo que ya está muerto.

Intentamos vernos lo menos afectados posible por la frase que nos soltó así sin más, por mucho que aquello pudiera echar para atrás al más valiente. Pero las sorpresas no se quedaron ahí. Aquel individuo se quitó de golpe tanto la gabardina como el resto de indumentarias oscuras que pudieran cubrirle de cintura para arriba y lo que vimos fue aterrador... aunque decir el termino “aterrador” en aquella situación podría quedarse bastante corto para lo que en realidad era. Allí se plantaba delante de nuestras retinas un ser que, de lo que dejaba ver la mitad de su cuerpo descubierto, mostraba ápices mitad antropomorfos, mitad vampirescos; una existencia que presentaba rasgos humanos pero que también tenía unas enormes alas que había desplegado y unas orejas y colmillos más semejantes a los de un murciélago.
Tanto Gäel como yo dimos un potente respingo al ver aquella criatura, mientras ésta nos miraba con sus ojos rojos como la sangre y comenzaba a batir sus alas para elevarse del suelo. Aterrados y empalidecidos a causa del terror que suponía aquella presencia, yo al menos, no supimos mover ni un solo dedo. Cuando por fin pensaba que estaba curado de espanto y ya nada podría asustarme, el miedo de nuevo me paralizaba con aquella grotesca visión. Gäel por fin consiguió reaccionar y se dispuso a atacar, sin embargo aquel extraño no quiso permitírselo.

-No debisteis meteros donde no os llamaban. ¡DESPEDÍOS DE VUESTRA MISERABLE VIDA!

Al acabar de hablar, lanzó un intenso y potente alarido, cuya agudeza parecía que nos iba a horadar y reventar los tímpanos. Al segundo, nos tapamos los oídos para intentar suavizar aquella melodía mortal pero, si antes el terror ya nos había inmovilizado lo suficiente, tanto física como mentalmente, aquellos chillidos que se metían hasta en las entrañas nos terminaban de estancar por completo en un estado de parálisis perpetuo. No podíamos hacer nada en absoluto. Los gritos que profería aquel engendro comenzaban incluso a marearnos y empezábamos a sentirnos como si fuéramos a perder el conocimiento.
De repente se detuvo y se lanzó en un ataque en picado desde su posición hacia nosotros. Aunque ya había parado de chillar, en nuestra cabeza retumbaba un bucle de ultrasonidos que nos había dejado sordos y mareados totalmente. Sinceramente... aquel era nuestro fin.
Ya tan solo le quedaban unos metros para abalanzarse completamente sobre nosotros, y mis únicos pensamientos eran las palabras “No es el lugar ni el modo en el que debería morir”, mezclándose junto al oleaje de nauseas y al principio de paranoia que me empezaba a afectar a la cabeza. Digo paranoia, ya que la mente se me nublaba y sufría la intromisión de extraños resquicios de locura; como si al completo deseo de vivir que tenía se le añadiera una oscuridad bizarra que no me dejaba llevar a cabo por completo ese deseo.
Sin embargo, parecía como si en verdad mi deseo de vivir se hubiera convertido en alguna especie de plegaria, ya que una sombra derribó al sujeto medio murciélago de un solo golpe. Cuando por fin pude contemplar cómo mis sentidos reaccionaban y volvía a ser dueño de ellos, pude contemplar que no se trataba de una mera sombra, sino de tres individuos que habían plantado cara a aquel ser.

-Parece que hemoh llega'o en buen momento...

-Ésto me recuerda a la teoría de aquel tipo tan extraño... Ya sabéis, aquella teoría que defendía que la reacción provocada por el empleo de tres agentes químicos equitativos entre sí en una formación corruptora es eficaz en un 300% si es llevada a cabo de forma triangular, ¿lo pilláis?

-¡Ha... ! ¡Ha... ! ¡Ha... ! ¡Vamos, tío! ¡Ésto no tiene nada que ver!

Aquellas tres voces eran conocidas a mis oídos, sin embargo no terminaba de caer del burro. Pero Gäel los reconoció al instante.

-¡Vaya! ¡Estamos de suerte! ¡Los tres “mosqueinútiles” al rescate! ¿Qué hacéis aquí?

Fue entonces cuando por fin conseguí reconocer aquellas voces tan peculiares.

-¿Así eh como saludah... - Uno de ellos, seguramente el tal Mike, se fue volviendo hacia nosotros, mostrando una extraña sonrisa de satisfacción, levantando el pulgar a modo de victoria, mientras al unísono continuaba hablando - ...a loh máh grandísimoh héroeh de Vregardia?

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