5 ago 2012

Capítulo 45: -El deseo de recuperar lo arrebatado (Parte de Mike)-


-¿¡Có-Cómo diceeeeeeh!?

En ese momento, mientras intentaba calmar el dolor de mi cabeza, mamá me sorprendió tanto que casi me da un vuelco el corazón.

-Tan listo que eres y tan “claras” que ves las cosas... ¿y no te imaginabas que tu padre fuera uno de los tipos de los que estaba hablando? Deberías haberlo sabido, después de tantas historias que os he llegado a contar de él.

-Sí, claro... pero... - Durante unos segundos no me salieron las palabras, tan solo balbuceaba inútilmente.

-Pues ahora ya lo sabéis... tarde o temprano tendría que decíroslo.

-Aún no me queda una cosa clara... - Yaro, que había estado callado todo el rato, dijo una de las cosas que casi todos, sobretodo nosotros tres, estábamos pensando - Supuestamente, ¿la misma madera del bosque servía como aislante para el crecimiento de los árboles colindantes y así se pudo controlar tanto a éstos como al desarrollo de la villa? - Yaro movió la cabeza de un lado a otro y luego continuó - Hasta un crío de cinco años se daría cuenta que algo no cuadra, a no ser que creyera demasiado en la fantasía y en la magia.

-Tiene razón - Chrixen continuó lo que Yaro había estado comentando con aquel lenguaje tan científico con el que siempre hablaba - A ver, la idea de que la misma naturaleza se repela entre sí para favorecer su desarrollo no es del todo errónea, aunque tampoco me resulta factible al cien por cien. Mike, tanto tu padre como los padres de aquellos dos debieron descubrir algo más o provocaron en el bosque algún tipo de reacción que controlara sus movimientos.

Mamá retomó la conversación a partir de lo que ellos dos dijeron.

-A mí también me ha parecido extraño desde siempre, pero no le dimos mayor importancia. Habían conseguido algo imposible... una especie de milagro... e hicieron que la villa consiguiera alcanzar su máximo esplendor. ¿Para qué preocuparse más de la cuenta por algo cuya respuesta no cambiaría nada si, de todas formas, por fin estaba todo bien?

Nada más terminar, toda la casa se quedó en silencio durante un rato... ¡malditos silencios incómodos cuando nadie sabe ni tiene nada que decir! En fin, al final conseguí salir de aquel apuro y recordé una cosa con la que seguir hablando.

-Una cosa, mamá... Aún no has dicho cómo es que sabes que el padre del renegado ese era... - Cerré los ojos muy fuerte, como intentando así acordarme del nombre. Pero no lo conseguí - ¡quien sea!, ya sabes quién te estoy diciendo.

-Si, John Karthia... - Volvió a quedarse mirando fijamente el fondo de su vaso - No es que se parecieran demasiado, ellos dos... Pero, poco a poco, aprenderás que, en la vida, una persona oculta más cosas de las que te imaginas, pero sus palabras siempre desvelarán más de lo que esas mismas personas se creen... por mucho que no quieran.

Entonces, mamá se me quedó mirando y me dijo una cosa que no me esperaría, sobretodo tratándose de un completo desconocido que había visto tan solo una vez en su vida.

-Ese chico... ese joven renegado... finge ser una tumba sobre su vida. No me extrañaría, incluso, que tuviera a todo el mundo engañado. No sé cuáles serán sus motivos ni me importan. Pero lo que sí sé es que, a la hora de hablar sobre emociones, es un libro abierto... por mucho que intente ocultarlas.

En ese momento no lo entendía, pero era una de esas cosas que, como bien me dijo, poco a poco iría aprendiendo.
Mamá, que seguía mirándome, acabó por decirme una cosa todavía más impactante que todas las que me había dicho hasta ahora.

-¿Y bien? ¿Hasta cuándo tenéis pensado estar ahí como pasmarotes?

-¿Qué?

-Habéis visto cómo salían corriendo esos chicos a buscar a esos malnacidos... ¿No tenéis pensado hacer nada como de costumbre... ? ¿Algo como salir pitando sin mi consentimiento para ayudarles... ?

-Es... Es una broma, ¿no? ¿Es que nos lo piensas consentir así de fácil?

-No... - Mamá suspiró - Pero, aún así, lo vais a hacer de todos modos, os diga lo que os diga... ¿verdad?

Los tres nos miramos y asentimos con la cabeza, como si supiéramos lo que cada uno estaba pensando en ese momento.

-¡Vamos! ¿¡A qué esperáis!? ¿¡A que salga detrás vuestra, sartén en mano, amenazándoos para que no lo hagáis y conseguir que hagáis lo contrario!? ¡¡LARGO DE AQUÍ!!

Sorprendidos por la locura de mi madre, por no decir aterrados, fuimos corriendo escaleras arriba para coger nuestras armas y salir a buscar a aquellos cuatro.
Después, tal y como me enteré por mi hermana al cabo de un tiempo, ellas dos tuvieron esta conversación:

-Mamá, ¿por qué has hecho eso? ¿Es que no te preocupa lo que les pueda pasar ni lo más mínimo?

Tras quedarse mirando a los dos niños pequeños, mi madre contestó.

-Puede que esos tres todavía sean críos... pero, poco a poco, se han hecho muy fuertes desde que, por accidente, encontraron aquellas Piedras. No sé si estoy cumpliendo como madre o no... pero ya iba siendo hora de confiar un poco en ellos.

-¿Qué estás diciendo?

-No te preocupes. Tú, tan solo, enciérrate en tu cuarto y no salgas hasta que yo te diga, ¿entendido?

-¿¡Qué!? Pero... ¿¡por qué!?

Mamá miró hacia arriba mientras escuchaba el ruido que hacíamos, posiblemente, mientras buscábamos las armas, suspiró, se giró y comenzó a andar en dirección a la puerta.

-Aquellos cuatro chicos por fin me han devuelto lo que cuatro sabandijas nos quitaron a toda Vregardia hace tanto tiempo... Voy a reunir al pueblo y armar una buena marimorena. No es posible que un pueblo entero se quede encerrado en el miedo por su culpa...

En el mismo instante que se quedó en el marco de la puerta para salir por ella, dijo su última frase.

-¡Marie! ¡Haz lo que te he dicho y ni se te ocurra salir hasta que yo te diga!



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