-¿¡Có-Cómo
diceeeeeeh!?
En ese momento, mientras
intentaba calmar el dolor de mi cabeza, mamá me sorprendió tanto
que casi me da un vuelco el corazón.
-Tan listo que eres y tan
“claras” que ves las cosas... ¿y no te imaginabas que tu padre
fuera uno de los tipos de los que estaba hablando? Deberías haberlo
sabido, después de tantas historias que os he llegado a contar de
él.
-Sí, claro... pero... -
Durante unos segundos no me salieron las palabras, tan solo
balbuceaba inútilmente.
-Pues ahora ya lo
sabéis... tarde o temprano tendría que decíroslo.
-Aún no me queda una
cosa clara... - Yaro, que había estado callado todo el rato, dijo
una de las cosas que casi todos, sobretodo nosotros tres, estábamos
pensando - Supuestamente, ¿la misma madera del bosque servía como
aislante para el crecimiento de los árboles colindantes y así se
pudo controlar tanto a éstos como al desarrollo de la villa? - Yaro
movió la cabeza de un lado a otro y luego continuó - Hasta un crío
de cinco años se daría cuenta que algo no cuadra, a no ser que
creyera demasiado en la fantasía y en la magia.
-Tiene razón - Chrixen
continuó lo que Yaro había estado comentando con aquel lenguaje tan
científico con el que siempre hablaba - A ver, la idea de que la
misma naturaleza se repela entre sí para favorecer su desarrollo no
es del todo errónea, aunque tampoco me resulta factible al cien por
cien. Mike, tanto tu padre como los padres de aquellos dos debieron
descubrir algo más o provocaron en el bosque algún tipo de reacción
que controlara sus movimientos.
Mamá retomó la
conversación a partir de lo que ellos dos dijeron.
-A mí también me ha
parecido extraño desde siempre, pero no le dimos mayor importancia.
Habían conseguido algo imposible... una especie de milagro... e
hicieron que la villa consiguiera alcanzar su máximo esplendor.
¿Para qué preocuparse más de la cuenta por algo cuya respuesta no
cambiaría nada si, de todas formas, por fin estaba todo bien?
Nada más terminar, toda
la casa se quedó en silencio durante un rato... ¡malditos silencios
incómodos cuando nadie sabe ni tiene nada que decir! En fin, al
final conseguí salir de aquel apuro y recordé una cosa con la que
seguir hablando.
-Una cosa, mamá... Aún
no has dicho cómo es que sabes que el padre del renegado ese era...
- Cerré los ojos muy fuerte, como intentando así acordarme del
nombre. Pero no lo conseguí - ¡quien sea!, ya sabes quién te estoy
diciendo.
-Si, John Karthia... -
Volvió a quedarse mirando fijamente el fondo de su vaso - No es que
se parecieran demasiado, ellos dos... Pero, poco a poco, aprenderás
que, en la vida, una persona oculta más cosas de las que te
imaginas, pero sus palabras siempre desvelarán más de lo que esas
mismas personas se creen... por mucho que no quieran.
Entonces, mamá se me
quedó mirando y me dijo una cosa que no me esperaría, sobretodo
tratándose de un completo desconocido que había visto tan solo una
vez en su vida.
-Ese chico... ese joven
renegado... finge ser una tumba sobre su vida. No me extrañaría,
incluso, que tuviera a todo el mundo engañado. No sé cuáles serán
sus motivos ni me importan. Pero lo que sí sé es que, a la hora de
hablar sobre emociones, es un libro abierto... por mucho que intente
ocultarlas.
En ese momento no lo
entendía, pero era una de esas cosas que, como bien me dijo, poco a
poco iría aprendiendo.
Mamá, que seguía
mirándome, acabó por decirme una cosa todavía más impactante que
todas las que me había dicho hasta ahora.
-¿Y bien? ¿Hasta cuándo
tenéis pensado estar ahí como pasmarotes?
-¿Qué?
-Habéis visto cómo
salían corriendo esos chicos a buscar a esos malnacidos... ¿No
tenéis pensado hacer nada como de costumbre... ? ¿Algo como salir
pitando sin mi consentimiento para ayudarles... ?
-Es... Es una broma, ¿no?
¿Es que nos lo piensas consentir así de fácil?
-No... - Mamá suspiró -
Pero, aún así, lo vais a hacer de todos modos, os diga lo que os
diga... ¿verdad?
Los tres nos miramos y
asentimos con la cabeza, como si supiéramos lo que cada uno estaba
pensando en ese momento.
-¡Vamos! ¿¡A qué
esperáis!? ¿¡A que salga detrás vuestra, sartén en mano,
amenazándoos para que no lo hagáis y conseguir que hagáis lo
contrario!? ¡¡LARGO DE AQUÍ!!
Sorprendidos por la
locura de mi madre, por no decir aterrados, fuimos corriendo
escaleras arriba para coger nuestras armas y salir a buscar a
aquellos cuatro.
Después, tal y como me
enteré por mi hermana al cabo de un tiempo, ellas dos tuvieron esta
conversación:
-Mamá, ¿por qué has
hecho eso? ¿Es que no te preocupa lo que les pueda pasar ni lo más
mínimo?
Tras quedarse mirando a
los dos niños pequeños, mi madre contestó.
-Puede que esos tres
todavía sean críos... pero, poco a poco, se han hecho muy fuertes
desde que, por accidente, encontraron aquellas Piedras. No sé si
estoy cumpliendo como madre o no... pero ya iba siendo hora de
confiar un poco en ellos.
-¿Qué estás diciendo?
-No te preocupes. Tú,
tan solo, enciérrate en tu cuarto y no salgas hasta que yo te diga,
¿entendido?
-¿¡Qué!? Pero... ¿¡por
qué!?
Mamá miró hacia arriba
mientras escuchaba el ruido que hacíamos, posiblemente, mientras
buscábamos las armas, suspiró, se giró y comenzó a andar en
dirección a la puerta.
-Aquellos cuatro chicos
por fin me han devuelto lo que cuatro sabandijas nos quitaron a toda
Vregardia hace tanto tiempo... Voy a reunir al pueblo y armar una
buena marimorena. No es posible que un pueblo entero se quede
encerrado en el miedo por su culpa...
En el mismo instante que
se quedó en el marco de la puerta para salir por ella, dijo su
última frase.
-¡Marie! ¡Haz lo que te
he dicho y ni se te ocurra salir hasta que yo te diga!
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