-¡Hahahahahaha! Amorfo,
¡ya sabes que nunca podrás conmigo! ¡Y más en lo que se refiere a
la suerte!
Karl acabó su serenata
de odio y desprecio hacia Gäel y, al final, acabó por aceptar de
mala manera que fuera él quien se enfrentara al individuo del bate.
-¡Si tienes más suerte
no naces, gordo asqueroso! ¡Hala! ¡Hínchate a darle de palos a ese
cara de mono, que yo me desahogaré con los otros tres restantes!
Al oír eso, me tuve que
inmiscuir.
-Vamos a ver, ¿creéis
de verdad que vais a poder vosotros dos solos con los cuatro a la
vez?
Al instante, Nessa
también se metió de por medio.
-¡Eso! ¡Son cuatro y
nosotros también, así que uno por cabeza y se acabó! ¡No seáis
egoístas!
-¡Nessa, no me refería
a eso! ¿¡Estás tonta!?
-¿¡Tonta!? ¡A mí no
me llames así, y menos sin motivo!
-¿¡“Sin motivo”!?
¡Si eres lo suficientemente idiota como para no darte cuenta de que
no es cuestión de competir entre nosotros por ver quien lucha más o
menos, sino de la gravedad de la circunstancia... !, ¿¡¡qué culpa
tendré yo de decirte lo que eres!!?
Tanto Karl como Gäel
también aportaron su granito de arena en la disputa.
-¡Hahahahahaha! ¡Si es
que te lo tienes merecido, reina de las arpías!
-¡Eh, vosotros dos! ¡No
os paséis un pelo, a ver si tengo que repartir palizas también por
aquí!
Mientras discutíamos sin
tregua unos contra otros, nos habíamos olvidado de la presencia de
aquellos indeseables.
-¡Yiaahahahahahaha!
Miradlos cómo se pelean por tonterías... ¡Seguid, seguid! Mientras
vosotros discutís, ¡nosotros acabamos con vosotros!
El individuo del bate le
hizo una señal a uno de aquellos hombres que iban vestidos con
indumentarias negras, que se aproximó velozmente, dando un gran
salto y, así, atacarnos desde el aire.
-¿¡Cuándo pensáis
dejaros los juegos infantiles y tomarnos en serio, mocosos!?
Parecía como si Gäel y
yo hubiéramos pensado exactamente lo mismo, ya que nos giramos al
unísono en que comenzó a hablar. En el instante preciso, golpeamos
a aquel sujeto a la vez con gran fuerza. Tal fue así que, del mismo
golpe, lo mandamos volando de nuevo junto a su líder y sus
compañeros. De nuevo, Gäel y yo mostramos una perfecta
sincronización al dirigirnos hacia él.
-¡¡No os metáis donde
no os llaman!!
El sujeto que llevaba el
bate, sorprendido, no supo articular palabra. Sin embargo, al poco se
rió y consiguió dirigirnos la palabra, con esa forma tan altanera
que le caracterizaba.
-¡Humph! ¡Vaya con el
renegado y su pandilla! Parece que os sabéis defender muy bien...
Hahahahahaha - En cuanto terminó de reír, se encogió de hombros,
miró hacia el suelo dando un suspiro y se encaró a sus hombres - En
fin... ¡Hatajo de inútiles! - Dio media vuelta mientras se dirigía
a sus subordinados - ¡Encargaos de estos críos mientras termino el
trabajo!
-¿Trabajo... ? - Karl
dio un par de pasos adelante y le preguntó al tipo del bate sobre lo
que acababa de decir - ¡Eh, tú! ¡Capullo! ¿A qué trabajo te
refieres?
-Humph... ¡Cuánta
arrogancia! - El individuo del bate le respondió girando apenas su
cuerpo y cuello hacia él - Bueno... No creo que pase nada por
decíroslo - Volvió a mirar hacia adelante y, elevando la mirada
hacia arriba, extendió los brazos por completo - Voy a... ¡destruir
este maldito bosque y su asqueroso pueblucho!
Al oír sus palabras, los
cuatros abrimos los ojos, acongojados por el asombro.
-¡Es simple! Informé a
nuestro Capo de la inexistencia de más Piedras Elementales en este
sitio dejado de la mano de Dios... y nos ordenó borrarlo de los
mapas. Este lugar, tan venerado y amado por tantísima gente,
¡reducido a cenizas y eliminado de la faz de la Tierra de la mano de
Mannel Wavery! ¡“Moi”! ¡Mi humilde persona! Y, lo mejor de
todo, es que no solo voy a disfrutar de lo lindo convirtiendo este
lugar en vuestra tumba, en la de los habitantes de Vregardia y en la
de miles de árboles... ¡sino que os dejaran como los responsables
directos de ello cuando encuentren vuestros cadáveres carbonizados
junto al lugar del detonador! ¡¡Es perfecto!! ¡¡Yiaahahahahaha!!
Mientras hablaba, una
inconmensurable e incontrolable rabia me consumía las entrañas, a
la vez que me imaginaba despedazando en mil pedazos aquel bastardo.
Sin ni si quiera darnos
cuenta, Gäel había empezado a correr hacia él a toda velocidad,
pasando al lado de los hombres de negro sin darles tiempo a notar su
presencia. Cogió de la cabeza al sujeto del bate y lo estampó
contra un árbol.
Viendo lo que estaba
pasando y cómo estaba pasando, era fácil de adivinar lo que iba a
pasar a partir de ahora, así que quise adelantarme a los
acontecimientos y comencé a correr hacia los dos individuos vestidos
de negro que quedaban en pie. Karl vio mis intenciones y empezó a
seguirme hacia donde estaban éstos.
Los dos tarugos de negro
restantes se habían girado al ver que Gäel se había colado entre
ellos para atacar a su superior. Se disponían a ir a detener a Gäel
pero, por fortuna, se habían girado antes de poder ver que tanto
Karl como yo íbamos hacia ellos y conseguimos ponernos a su altura
en unos pocos segundos para poder frenarlos: Karl encañonando a uno
con sus pistolas y yo poniéndole uno de los filos de mi espada doble
al cuello del otro. Todo parecía que iba a acabar bien. Sin embargo,
canté victoria para mis adentros demasiado rápido. Al parecer, el
hombre vestido de negro que había sido derribado por Gäel y por mí
se había levantado y fue hacia donde estaban Gäel y el tal Wavery.
Ninguno nos dimos cuenta de ello ya que estábamos ocupados en
nuestros propios asuntos. La única que pudo ver algo era Nessa,
quien había estado observando desde atrás todo este tiempo. Cuando
se percató de que aquel hombre iba en dirección hacia Gäel,
intentó avisarle.
-Mierda... ¡Gäel,
cuidado! ¡A tu espalda!
Nessa puso las manos
sobre el suelo y realizó un intento de congelar el suelo a la
desesperada para detener a aquel tipo. Consiguió que los pies de
Karl, los míos y los de los dos sujetos de negro que habíamos
conseguido detener quedaran inmóviles y sujetos al suelo que
pisábamos por una dura capa de hielo que nos agarraba poco menos de
los tobillos. Sin embargo, la real intención de congelar el suelo
resultó ser en vano, ya que no consiguió llegar a tiempo de hacer
lo mismo con el hombre de negro restante. Éste logró atacar a Gäel,
haciendo que de un solo golpe en el cuello soltara al sujeto del
bate. Gäel cayó al suelo, articulando un grito seco de dolor.
El agresor de Gäel cogió
en volandas a Wavery, mientras éste decía una última amenaza.
-¡Imbéciles! ¡No
podréis evitar que conectemos el último detonador!
Con ésto, se
escabulleron hacia el denso laberinto de árboles que era aquel
bosque y desaparecieron.
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