22 jul 2012

Capítulo 42: -Misión; La destrucción completa de la villa de Vregardia-


-¡Hahahahahaha! Amorfo, ¡ya sabes que nunca podrás conmigo! ¡Y más en lo que se refiere a la suerte!

Karl acabó su serenata de odio y desprecio hacia Gäel y, al final, acabó por aceptar de mala manera que fuera él quien se enfrentara al individuo del bate.

-¡Si tienes más suerte no naces, gordo asqueroso! ¡Hala! ¡Hínchate a darle de palos a ese cara de mono, que yo me desahogaré con los otros tres restantes!

Al oír eso, me tuve que inmiscuir.

-Vamos a ver, ¿creéis de verdad que vais a poder vosotros dos solos con los cuatro a la vez?

Al instante, Nessa también se metió de por medio.

-¡Eso! ¡Son cuatro y nosotros también, así que uno por cabeza y se acabó! ¡No seáis egoístas!

-¡Nessa, no me refería a eso! ¿¡Estás tonta!?

-¿¡Tonta!? ¡A mí no me llames así, y menos sin motivo!

-¿¡“Sin motivo”!? ¡Si eres lo suficientemente idiota como para no darte cuenta de que no es cuestión de competir entre nosotros por ver quien lucha más o menos, sino de la gravedad de la circunstancia... !, ¿¡¡qué culpa tendré yo de decirte lo que eres!!?

Tanto Karl como Gäel también aportaron su granito de arena en la disputa.

-¡Hahahahahaha! ¡Si es que te lo tienes merecido, reina de las arpías!

-¡Eh, vosotros dos! ¡No os paséis un pelo, a ver si tengo que repartir palizas también por aquí!

Mientras discutíamos sin tregua unos contra otros, nos habíamos olvidado de la presencia de aquellos indeseables.

-¡Yiaahahahahahaha! Miradlos cómo se pelean por tonterías... ¡Seguid, seguid! Mientras vosotros discutís, ¡nosotros acabamos con vosotros!

El individuo del bate le hizo una señal a uno de aquellos hombres que iban vestidos con indumentarias negras, que se aproximó velozmente, dando un gran salto y, así, atacarnos desde el aire.

-¿¡Cuándo pensáis dejaros los juegos infantiles y tomarnos en serio, mocosos!?

Parecía como si Gäel y yo hubiéramos pensado exactamente lo mismo, ya que nos giramos al unísono en que comenzó a hablar. En el instante preciso, golpeamos a aquel sujeto a la vez con gran fuerza. Tal fue así que, del mismo golpe, lo mandamos volando de nuevo junto a su líder y sus compañeros. De nuevo, Gäel y yo mostramos una perfecta sincronización al dirigirnos hacia él.

-¡¡No os metáis donde no os llaman!!

El sujeto que llevaba el bate, sorprendido, no supo articular palabra. Sin embargo, al poco se rió y consiguió dirigirnos la palabra, con esa forma tan altanera que le caracterizaba.

-¡Humph! ¡Vaya con el renegado y su pandilla! Parece que os sabéis defender muy bien... Hahahahahaha - En cuanto terminó de reír, se encogió de hombros, miró hacia el suelo dando un suspiro y se encaró a sus hombres - En fin... ¡Hatajo de inútiles! - Dio media vuelta mientras se dirigía a sus subordinados - ¡Encargaos de estos críos mientras termino el trabajo!

-¿Trabajo... ? - Karl dio un par de pasos adelante y le preguntó al tipo del bate sobre lo que acababa de decir - ¡Eh, tú! ¡Capullo! ¿A qué trabajo te refieres?

-Humph... ¡Cuánta arrogancia! - El individuo del bate le respondió girando apenas su cuerpo y cuello hacia él - Bueno... No creo que pase nada por decíroslo - Volvió a mirar hacia adelante y, elevando la mirada hacia arriba, extendió los brazos por completo - Voy a... ¡destruir este maldito bosque y su asqueroso pueblucho!

Al oír sus palabras, los cuatros abrimos los ojos, acongojados por el asombro.

-¡Es simple! Informé a nuestro Capo de la inexistencia de más Piedras Elementales en este sitio dejado de la mano de Dios... y nos ordenó borrarlo de los mapas. Este lugar, tan venerado y amado por tantísima gente, ¡reducido a cenizas y eliminado de la faz de la Tierra de la mano de Mannel Wavery! ¡“Moi”! ¡Mi humilde persona! Y, lo mejor de todo, es que no solo voy a disfrutar de lo lindo convirtiendo este lugar en vuestra tumba, en la de los habitantes de Vregardia y en la de miles de árboles... ¡sino que os dejaran como los responsables directos de ello cuando encuentren vuestros cadáveres carbonizados junto al lugar del detonador! ¡¡Es perfecto!! ¡¡Yiaahahahahaha!!

Mientras hablaba, una inconmensurable e incontrolable rabia me consumía las entrañas, a la vez que me imaginaba despedazando en mil pedazos aquel bastardo.
Sin ni si quiera darnos cuenta, Gäel había empezado a correr hacia él a toda velocidad, pasando al lado de los hombres de negro sin darles tiempo a notar su presencia. Cogió de la cabeza al sujeto del bate y lo estampó contra un árbol.
Viendo lo que estaba pasando y cómo estaba pasando, era fácil de adivinar lo que iba a pasar a partir de ahora, así que quise adelantarme a los acontecimientos y comencé a correr hacia los dos individuos vestidos de negro que quedaban en pie. Karl vio mis intenciones y empezó a seguirme hacia donde estaban éstos.
Los dos tarugos de negro restantes se habían girado al ver que Gäel se había colado entre ellos para atacar a su superior. Se disponían a ir a detener a Gäel pero, por fortuna, se habían girado antes de poder ver que tanto Karl como yo íbamos hacia ellos y conseguimos ponernos a su altura en unos pocos segundos para poder frenarlos: Karl encañonando a uno con sus pistolas y yo poniéndole uno de los filos de mi espada doble al cuello del otro. Todo parecía que iba a acabar bien. Sin embargo, canté victoria para mis adentros demasiado rápido. Al parecer, el hombre vestido de negro que había sido derribado por Gäel y por mí se había levantado y fue hacia donde estaban Gäel y el tal Wavery. Ninguno nos dimos cuenta de ello ya que estábamos ocupados en nuestros propios asuntos. La única que pudo ver algo era Nessa, quien había estado observando desde atrás todo este tiempo. Cuando se percató de que aquel hombre iba en dirección hacia Gäel, intentó avisarle.

-Mierda... ¡Gäel, cuidado! ¡A tu espalda!

Nessa puso las manos sobre el suelo y realizó un intento de congelar el suelo a la desesperada para detener a aquel tipo. Consiguió que los pies de Karl, los míos y los de los dos sujetos de negro que habíamos conseguido detener quedaran inmóviles y sujetos al suelo que pisábamos por una dura capa de hielo que nos agarraba poco menos de los tobillos. Sin embargo, la real intención de congelar el suelo resultó ser en vano, ya que no consiguió llegar a tiempo de hacer lo mismo con el hombre de negro restante. Éste logró atacar a Gäel, haciendo que de un solo golpe en el cuello soltara al sujeto del bate. Gäel cayó al suelo, articulando un grito seco de dolor.
El agresor de Gäel cogió en volandas a Wavery, mientras éste decía una última amenaza.

-¡Imbéciles! ¡No podréis evitar que conectemos el último detonador!

Con ésto, se escabulleron hacia el denso laberinto de árboles que era aquel bosque y desaparecieron.

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