28 jul 2012

Capítulo 43: -Comienza la persecución por el bosque-


Al ver a Gäel en el suelo y a nuestros enemigos huir, tanto Karl como yo dejamos de darles importancia a los individuos que reteníamos y nos fijamos en lo que había frente a nosotros. Aquello fue un error por nuestra parte. Aquel a quien yo estaba inmovilizando aprovechó mi descuido y me clavó una especie de aguja larga y algo fina en la zona del abdomen. Karl se preocupó por mí entonces, viendo cómo me paralizaba el dolor.

-¡Maeglin! ¿¡Qué te pasa!?

Otro error que cometíamos por parte de Karl. El sujeto a quien él retenía también sacó partido de su distracción y le dio un buen golpe en la barbilla, de abajo hacia arriba, que lo dejó bastante descompuesto.
Ambos intentaron escapar viendo la oportunidad que les habíamos brindado, pero tan solo aquel que me había clavado aquella aguja en la tripa consiguió deshacerse del hielo que lo atrapaba y pudo escapar, siguiendo a sus dos compañeros. El otro no solo no pudo romper la capa de hielo que aprisionaba sus pies, sino que no había golpeado a Karl lo suficientemente fuerte como para noquearlo por completo. Además, no había contado con Nessa, quien sintiéndose frustrada por no haber impedido que dejaran por los suelos a Gäel, se conformó con derribarlo junto a Karl. Uno lo golpeó con la culata de una de sus pistolas y la otra lo golpeó con violencia dándole una patada. Así, consiguieron “ayudarle” a quitarse aquellos grilletes de hielo y lo dejaron inconsciente en el suelo
Una vez hecho ésto, Karl también consiguió, a su manera y con algo de paciencia, sacar los pies del hielo. Después, se sentó sobre una roca que había por allí y empezó a darse un masaje para desentumecerlos.
Nessa, al verme todavía bastante dolorido, se acercó deprisa para ver cómo me encontraba.

-Maeglin. ¡Maeglin! Oye, ¿qué te pasa?

-N... N-Nada... Déjalo, estoy... estoy bien...

-A ver esa mancha de sangre que tienes en la barriga... Déjame que te eche un vistazo.

Nessa, sin esperar un segundo, me levantó la camiseta hasta donde se dejaba ver la diminuta herida, aún sangrando.

-Joder... te han clavado algo, ¿no? Deja que te ayude, a ver si puedo...

Con las mismas, la interrumpí y la aparté de un leve movimiento con el brazo, mientras intentaba sacar las piernas de aquella dichosa trampa helada con todas mis fuerzas. Le dije que me dejara a mi aire y, tras haber sacado los pies de allí, me incorporé e hice unos leves movimientos para ver si me iba a molestar demasiado aquella herida. En cuanto me vio, Nessa siguió insistiendo.

-¡Por favor, deja que vea si la herida es muy profunda! ¡No puedes ir por ahí sangrando como vas!

-Ya te he dicho que estoy bien... Tan solo es... un pinchacito de nada. Solamente necesito moverme un poco... y me olvidaré de ella.

-¿¡“Solamente necesito moverme un poco”!? - Repitió exaltada lo que dije - Pero, ¿¡te estás oyendo!? ¿¡Quién dice cosas como esas estando herido!?


Una vez más, Nessa y yo comenzamos a discutir por algo que, entonces, yo no le veía importancia ninguna y ella si que se la veía. Al poco, Gäel se levantó del suelo y se crujió el cuello, como ejercitándolo.

-Aaaaahh... Cabrones con suerte, ya veréis cuando os pille...

Al verle, Nessa le preguntó si se encontraba bien, pero Gäel no se molestó en contestar. En cambio, lo que hizo fue encogerse, se puso en cuclillas, y pegó un potente salto para encaramarse a una de las ramas más altas del árbol que tenía al lado. Sorprendido, Karl quiso saber qué tramaba.

-¡Eh, gordo! ¿Se puede saber qué haces ahí arriba?

Gäel guardó silencio durante unos segundos, hasta que por fin nos comunicó algo que valiera la pena escuchar.

-¡¡Los veo!! ¡¡Están a unos cincuenta metros al noroeste de aquí!!

Con las mismas, bajó de un salto, nos dijo que él mismo los detendría y empezó a correr tras ellos.

-¡Mierda! ¡¡Gäel, espera!!

Karl quiso inquirirle para que se detuviera, pero, conociéndole, sabía que no lo haría. En cuanto lo vi correr, no dudé ni un instante y me dispuse a ir con él.

-Escuchad. Quedaos aquí por si despierta el tipo este. Yo voy con Gäel.

Karl, nada más terminé de hablar, se dirigió hacia mí levantando la voz.

-¿¡Pero estás loco!? ¡Deja que te acompañemos! ¡Vosotros dos contra ellos tres tendréis menos posibilidades que si vamos todos juntos!

Al segundo, me giré hacia él y le contesté.

-Por mucho que detuviéramos a los otros entre todos, no podemos arriesgarnos a que despierte este esmirriado y vaya a activar por su cuenta los malditos explosivos o lo que sea. Alguien se tiene que quedar aquí para vigilarlo. Y, de aquellos tres, dos de ellos están “tocados”... falta “hundirlos”...

Nessa me cortó en seco para pedirme que resumiera.

-Por favor, déjate las analogías marítimas y vé al grano...

-Quiero decir que, en cuanto acabemos con los que ya han sido vapuleados, el que queda no será ningún problema.

Karl volvió a tomar la palabra.

-Vale, tiene sentido. Pero, aún así, déjame que te acompañe. Con que se quede Nessa sobra.

-No, en realidad no creo que haga falta... - Miré hacia el cielo y vi cómo las nubes ya lo habían tapado absolutamente todo. De vez en cuando hasta se escuchaba algún que otro trueno muy lejano - Algo me dice que vamos a tener suerte...

Nessa, enfadada, se dirigió hacia mí gritando.

-¡¡No seas idiota!! ¡¡Hasta ahora has ido de pasota por la vida, sin creer en nada!! ¿¡¡Y ahora me vienes con la tontería de dejarlo todo en manos de la suerte!!?

Me callé mientras el eco de la última palabra de Nessa resonaba en el aire. Una vez dejó de escucharse aquella resonancia, consideré oportuno el contestarle.

-Es verdad. No creo en nada, y menos en la suerte... pero me sé de alguien que si cree ciegamente en ella - La miré a los ojos y observé que sabía a quién me refería - De momento, me ha demostrado que yo puedo confiar en él. Es por eso que... - Me giré de nuevo hacia la dirección que había tomado Gäel y terminé de hablar - ...creo que puedo dejar momentáneamente esta situación en manos de algo tan absurdo como lo es... la suerte.

Al haber dicho mi última palabra, tomé el mismo camino que Gäel había tomado y, un poco resentido por el dolor todavía, comencé a correr.
Tras contar ésto, me gustaría pedir el relevo y, sobretodo, permitirle por primera vez a cierta persona que siga contando esta historia, ya que lo que pueda decir podría ser útil a la hora de entender el resto de cosas.


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