Al ver a Gäel en el
suelo y a nuestros enemigos huir, tanto Karl como yo dejamos de
darles importancia a los individuos que reteníamos y nos fijamos en
lo que había frente a nosotros. Aquello fue un error por nuestra
parte. Aquel a quien yo estaba inmovilizando aprovechó mi descuido y
me clavó una especie de aguja larga y algo fina en la zona del
abdomen. Karl se preocupó por mí entonces, viendo cómo me
paralizaba el dolor.
-¡Maeglin! ¿¡Qué te
pasa!?
Otro error que cometíamos
por parte de Karl. El sujeto a quien él retenía también sacó
partido de su distracción y le dio un buen golpe en la barbilla, de
abajo hacia arriba, que lo dejó bastante descompuesto.
Ambos intentaron escapar
viendo la oportunidad que les habíamos brindado, pero tan solo aquel
que me había clavado aquella aguja en la tripa consiguió deshacerse
del hielo que lo atrapaba y pudo escapar, siguiendo a sus dos
compañeros. El otro no solo no pudo romper la capa de hielo que
aprisionaba sus pies, sino que no había golpeado a Karl lo
suficientemente fuerte como para noquearlo por completo. Además, no
había contado con Nessa, quien sintiéndose frustrada por no haber
impedido que dejaran por los suelos a Gäel, se conformó con
derribarlo junto a Karl. Uno lo golpeó con la culata de una de sus pistolas
y la otra lo golpeó con violencia dándole una patada. Así,
consiguieron “ayudarle” a quitarse aquellos grilletes de hielo y lo dejaron inconsciente en el suelo
Una vez hecho ésto, Karl
también consiguió, a su manera y con algo de paciencia, sacar los
pies del hielo. Después, se sentó sobre una roca que había por
allí y empezó a darse un masaje para desentumecerlos.
Nessa, al verme todavía
bastante dolorido, se acercó deprisa para ver cómo me encontraba.
-Maeglin. ¡Maeglin! Oye,
¿qué te pasa?
-N... N-Nada... Déjalo,
estoy... estoy bien...
-A ver esa mancha de
sangre que tienes en la barriga... Déjame que te eche un vistazo.
Nessa, sin esperar un
segundo, me levantó la camiseta hasta donde se dejaba ver la
diminuta herida, aún sangrando.
-Joder... te han clavado
algo, ¿no? Deja que te ayude, a ver si puedo...
Con las mismas, la
interrumpí y la aparté de un leve movimiento con el brazo, mientras
intentaba sacar las piernas de aquella dichosa trampa helada con
todas mis fuerzas. Le dije que me dejara a mi aire y, tras haber
sacado los pies de allí, me incorporé e hice unos leves movimientos
para ver si me iba a molestar demasiado aquella herida. En cuanto me
vio, Nessa siguió insistiendo.
-¡Por favor, deja que vea
si la herida es muy profunda! ¡No puedes ir por ahí sangrando como
vas!
-Ya te he dicho que estoy
bien... Tan solo es... un pinchacito de nada. Solamente necesito
moverme un poco... y me olvidaré de ella.
-¿¡“Solamente
necesito moverme un poco”!? - Repitió exaltada lo que dije - Pero,
¿¡te estás oyendo!? ¿¡Quién dice cosas como esas estando
herido!?
Una vez más, Nessa y yo
comenzamos a discutir por algo que, entonces, yo no le veía
importancia ninguna y ella si que se la veía. Al poco, Gäel se
levantó del suelo y se crujió el cuello, como ejercitándolo.
-Aaaaahh... Cabrones con
suerte, ya veréis cuando os pille...
Al verle, Nessa le
preguntó si se encontraba bien, pero Gäel no se molestó en
contestar. En cambio, lo que hizo fue encogerse, se puso en cuclillas, y pegó un potente salto para encaramarse a una de las
ramas más altas del árbol que tenía al lado. Sorprendido, Karl
quiso saber qué tramaba.
-¡Eh, gordo! ¿Se puede
saber qué haces ahí arriba?
Gäel guardó silencio
durante unos segundos, hasta que por fin nos comunicó algo que
valiera la pena escuchar.
-¡¡Los veo!! ¡¡Están
a unos cincuenta metros al noroeste de aquí!!
Con las mismas, bajó de
un salto, nos dijo que él mismo los detendría y empezó a correr
tras ellos.
-¡Mierda! ¡¡Gäel,
espera!!
Karl quiso inquirirle
para que se detuviera, pero, conociéndole, sabía que no lo haría.
En cuanto lo vi correr, no dudé ni un instante y me dispuse a ir con
él.
-Escuchad. Quedaos aquí
por si despierta el tipo este. Yo voy con Gäel.
Karl, nada más terminé
de hablar, se dirigió hacia mí levantando la voz.
-¿¡Pero estás loco!?
¡Deja que te acompañemos! ¡Vosotros dos contra ellos tres tendréis
menos posibilidades que si vamos todos juntos!
Al segundo, me giré
hacia él y le contesté.
-Por mucho que
detuviéramos a los otros entre todos, no podemos arriesgarnos a que
despierte este esmirriado y vaya a activar por su cuenta los malditos
explosivos o lo que sea. Alguien se tiene que quedar aquí para
vigilarlo. Y, de aquellos tres, dos de ellos están “tocados”...
falta “hundirlos”...
Nessa me cortó en seco
para pedirme que resumiera.
-Por favor, déjate las
analogías marítimas y vé al grano...
-Quiero decir que, en
cuanto acabemos con los que ya han sido vapuleados, el que queda no
será ningún problema.
Karl volvió a tomar la
palabra.
-Vale, tiene sentido.
Pero, aún así, déjame que te acompañe. Con que se quede Nessa
sobra.
-No, en realidad no creo
que haga falta... - Miré hacia el cielo y vi cómo las nubes ya lo
habían tapado absolutamente todo. De vez en cuando hasta se
escuchaba algún que otro trueno muy lejano - Algo me dice que vamos
a tener suerte...
Nessa, enfadada, se
dirigió hacia mí gritando.
-¡¡No seas idiota!!
¡¡Hasta ahora has ido de pasota por la vida, sin creer en nada!!
¿¡¡Y ahora me vienes con la tontería de dejarlo todo en manos de
la suerte!!?
Me callé mientras el eco
de la última palabra de Nessa resonaba en el aire. Una vez dejó de
escucharse aquella resonancia, consideré oportuno el contestarle.
-Es verdad. No creo en nada, y menos en la
suerte... pero me sé de alguien que si cree ciegamente en ella - La
miré a los ojos y observé que sabía a quién me refería - De momento, me ha demostrado que yo puedo confiar en él. Es por eso
que... - Me giré de nuevo hacia la dirección que había tomado Gäel
y terminé de hablar - ...creo que puedo dejar momentáneamente esta
situación en manos de algo tan absurdo como lo es... la suerte.
Al haber dicho mi última
palabra, tomé el mismo camino que Gäel había tomado y, un poco
resentido por el dolor todavía, comencé a correr.
Tras contar ésto, me
gustaría pedir el relevo y, sobretodo, permitirle por primera vez a
cierta persona que siga contando esta historia, ya que lo que pueda
decir podría ser útil a la hora de entender el resto de cosas.
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