22 jul 2012

Capítulo 41: -Linaje-


Gäel se había marchado sin mediar palabra con nadie. Karl, Nessa y yo nos levantamos a toda prisa, decididos a seguirle tras despertar de nuestro asombro, ya que nos habíamos quedado embobados mirando cómo se iba sin más. Sin embargo, dejé que ellos se adelantaran para pedirle perdón a la dueña de la casa.

-Disculpe por lo que ha hecho Gäel, cuando volvamos nos encargaremos de arreglarlo...

Al segundo de haber dicho mi disculpa, aquella mujer consiguió reaccionar y me detuvo.

-¡O-Oye! ¡Espera! - Me giré sobre mis pasos y la miré - Dime... ¿Cómo... Cómo se llama tu amigo? El que me ha roto la puerta...

-¿Eh? Pues... Gäel... Se llama Gäel J. Reimon. ¿Pasa algo... ?

La mujer, con cara de asombro, pronunciaba en voz baja su apellido, “Reimon, Reimon,... ”, como si estuviera bajo los efectos de una fantasmagórica posesión. De repente, sonrió, cerró los ojos y, poco a poco, comenzó una risa en crescendo que acabó en una gran carcajada. Yo no entendía si había dicho algo que le hiciera gracia o si se había vuelto loca, pero al cabo de unos segundos, una vez recompuesta de tanto reírse, por fin, aclaró, apenas nada, el motivo de su hilaridad.

-Reimon... hahahaha. Cuanto tiempo sin oír de ese nombre. Qué recuerdos me trae...

-¿Perdone? ¿Ocurre algo con Gäel... o no?

La mujer me dio la espalda, caminó unos cuantos pasos y se detuvo frente la encimera que había en aquella habitación. Apoyó las manos encima de ésta y, por fin, consiguió articular el resto de lo que tenía que decir.

-Veo... que, aquellos a los que les corre sangre de Reimon por las venas, están destinados a hacer grandes estupideces... o grandes acciones. Hahaha... ¡Hahahahaha!

Había estado en silencio todo ese tiempo y ni si quiera me digné a exigir algún tipo de aclaración, aún así de no haber terminado de comprender nunca lo que decía aquella mujer. Sin embargo, decidí marcharme sin más. No había mucho tiempo que perder y, además, al haber caído la noche lo más probable es que se hiciera mucho más difícil el poder encontrar al resto.
Una vez en la calle, escuché una vez más cómo aquella señora me gritaba para que me detuviera.

-¡Ey, tú! ¡Una cosa más!

-Aaaaarrgh... ¿¡y ahora qué!?

-Los carteles de “SE BUSCA” y el mismísimo imperio dirán lo que quieran, pero tus ojos no me engañan.

-¿A qué se refiere?

Aquella mujer volvió a sonreír y terminó de darme la charla.

-Por muy renegado que seas... tienes la misma mirada que tu amigo y su padre. No eres ningún asesino ni ningún perro sin collar del imperio que se dedica a sembrar miedo en el mundo entero... No, tú no eres así...

Aquella información no me resultaba desagradable, pero el tiempo apremiaba y, en aquel preciso instante, no consideraba de gran relevancia lo que me decía. Con ésto, procedí de nuevo a seguir a mis compañeros de una vez sin decirle nada, pero aquella mujer parecía no querer dejarme marchar nunca.

-¡Es más... ! - Me detuve en seco pero ni me molesté en volverme sobre mis pasos, por si me decía otra tontería - Si no fuera porque creo que sería imposible, diría que eres el mismísimo hijo de John Kartia.

No pude seguir mi camino. En decir aquello, aquella señora tocó una fibra que paralizó mi cuerpo por completo... una fibra que nadie debía de tocar. Sin embargo, decidí no darle importancia. Miré hacia arriba, respiré hondo e hice una de las cosas que mejor se me ha dado siempre: Hacerme el tonto.

-Y... ¿quién es ese fulano?

-John Kartia... junto a George J. Reimon, el padre de tu amigo... los dos juntos hicieron mucho por Vregardia hace tiempo.

Un pequeño y apacible silencio pareció abrazar el mismísimo tiempo, haciendo que éste se detuviera durante un eterno instante, cuyos segundos aparentaron ser siglos. Mientras, el viento y las nubes cubrían poco a poco aquella noche que parecía presentar claros presagios de lluvia.
Yo, aún sin girarme hacia ella e intentando mostrarme lo más impasible posible, terminé aquella conversación con toda la indiferencia que pude aparentar.

-John Kartia... - Mantuve apenas un segundo o dos entre frase y frase - Lo siento. Ni me suena su nombre ni, evidentemente, soy su hijo...

Al decir ésto, por fin pude encaminarme a buen ritmo, intentando que no me flaquearan las piernas debido al sobresalto emocional que resultó ser en verdad la mención del nombre “John Kartia”.
Una vez habiéndome mentalizado, comencé a correr dispuesto al fin a encontrar a Gäel, Karl y Nessa, pero la oscuridad de la noche impedía en gran medida mis intenciones. La luna, de nuevo en su cuarto menguante, se veía a duras penas filtrada a través de las nubes, por lo que ya os podéis imaginar que la visibilidad era casi cero en la inmensidad de aquel bosque. Pero, con suerte, al cabo de un rato, buscando en mitad de la oscuridad, escuché unos ruidos violentos hacia el este según la posición donde me situaba. En escuchar aquellos golpes y un gran estruendo, seguido de un potente temblor, no dudé ni un segundo. Salí de las cercanías de lo que era la villa en sí, me adentré en el bosque y fui corriendo en dirección donde mis sentidos me señalaban.
Temía desorientarme al hacer caso tan solo de mis oídos como referencia. Además, al poco de ponerme a correr, los ruidos que indicaban violencia se detuvieron, por lo que ya no supe si seguir en la misma dirección o intentar algo distinto. Pero, a pesar de eso, al cabo de unos minutos logré localizar dónde estaban mis acompañantes y los alcancé. Al verlos de cerca, vi a Nessa echándose las manos a la cabeza, de espaldas a los otros dos. Tanto Gäel como Karl estaban jugando a “piedra, papel y tijeras”... algo extraño, no en ellos, sino en la circunstancia. Y, finalmente, al fondo podía ver también a los cuatro indeseables que habíamos visto aquella misma tarde, sonrientes y cruzados de brazos.
Ver aquella absurda situación hacía que se me desencajara la cara de perplejidad y asombro. Me podía imaginar el motivo que tendrían aquellos dos para hacer lo que estaban haciendo, pero quise asegurarme preguntándole directamente a Nessa.

-Eh... Nessa, ¿qué se supone que hacen?

-¡Dios! ¿¡Es que no lo ves!? ¡Están jugando a esa pantomima para ver quién de los dos se enfrentará al del bate! - Nessa terminó de taparse la cara por completo con las manos - ¿Por qué tienen que ser los dos tan imbéciles?

Karl intentó defenderse.

-¡Eh! ¡Que los dos le tengamos la misma tirria al cerdo del bate y sea al que más ganas tenemos de cruzarle la cara, no quiere decir que... !

En ese momento, Gäel sacó tijeras y Karl papel. Karl, con una cara completamente descompuesta, no pudo terminar de decir lo que estaba diciendo y, soltando un grito repleto de rabia, empezó a maldecir la suerte de Gäel, mientras éste reía como aquel que ríe por haberle robado un juguete a un niño.

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