7 abr 2012

Capítulo 36: -Vregardia, la "Ciudad de los Árboles"-

-¡Hahahahahahaha! ¡Bueno! ¿Qué hacemos? ¿Los seguimos? ¡Hahahahaha!

Karl aún seguía riéndose de aquellos tres sujetos mientras hacía esta pregunta, la cual fue contestada por Gäel.

-¡Humph! No creo que haga falta... ¡Oye, Maeglin! - Le miré - ¿Al final que pasa con esa chica? Ahora ya no la vamos a alcanzar ni de coña...

-Me lo imagino... En fin, atravesemos el bosque y encontremos Vregardia de una vez. Después de la carrera que nos hemos pegado, más nos vale un descanso.

Nada más decir la última palabra, fue Nessa quien comenzó a preguntarme de nuevo por la pequeña ladrona y mi supuesta relación con ella.

-Pero, ¿nos vas a contar algo ya o no? ¿Qué pasa con esa chica? ¿Al final la conoces? ¿Si o no?

-Ya os he dicho que necesitaba verla para ver si era ella o no. Además... ya habrá tiempo de contaros todos los detalles.

Terminé de hablar al mismo tiempo que ya había comenzado a caminar hacia el interior del bosque. Sin embargo, Nessa aún seguía con la misma monserga.

-¡Eh, no es justo! ¿¡Qué clase de compañero eres si no nos cuentas nada ni dejas que sepamos nada de ti?

Pasé del tema mientras ella continuaba dando la lata, yendo tras de mí junto a Gäel y Karl, que también se habían puesto en camino.
Karl recordó lo que acababa de hacer Nessa para saber la posición de aquellos tres jóvenes y quiso saber que había hecho para hacerlo.

-¡Ey, Nessa! Ahora que me acuerdo... ¡eso que has hecho ha molado un huevo! ¿Cómo lo has hecho?

-Ejem... ¡Explicación magistral! - Nessa puso su tono de “intelectual” y se dispuso a dar su interpretación de los hechos - Ha sido muy fácil, ya sabes que soy afín al elemento Hielo, ¿no?

Karl ni se molestó en contestar. Simplemente se limitó a mirarle con una expresión en la cara como si quisiera decir: “Ya sé que eres afín al elemento Hielo. ¿¡Quieres abreviar!?”, mientras ella volvía a retomar el hilo por donde se había quedado.

-Bien, pues el Hielo no es más que Viento y Agua. Sabiendo ésto, es fácil aprender a utilizar esta ventaja para sentir, mediante la misma energía del viento, dónde choca el aire, cómo y con qué. No puedo utilizar el viento como elemento en sí, pero al menos puedo aprovecharme de su energía en el medio para tener cierta clase de ventajas en ciertas circunstancias y...

Karl cambió de expresión facial a una mueca absurda de burla hacia Nessa, para terminar diciéndole un sonoro: “¡empollona!”. Una vez más, Karl acababa de provocar a Nessa para que ésta le empezara a golpear, mientras Gäel le recriminaba que no fuera tan imbécil con ella.
Quise olvidarme de la conversación... mejor dicho, discusión que estaban teniendo aquellos tres y me dediqué a contemplar el paisaje de aquel magnífico bosque que estábamos atravesando.
El paraje que se mostraba ante nosotros no dejaba indiferente a nadie. Lo que habíamos visto apenas en la entrada no era más que la punta del iceberg. Dentro de aquel bosque nos deslumbraba la mayor de las variedades arbóreas y vegetales que se podía encontrar en todo el continente (por no decir en todo el mundo). Algunos pájaros aún entonaban bellos cantares, que, mezclados entre sí, mostraban una armonía musical sublime. Un brisa movía suave y lentamente los árboles, haciendo como si tuvieran vida propia, y los rayos del sol se filtraban cada vez con mayor dificultad, dando una impresión de lúgubre belleza a través de las apenas agitadas ramas de aquellas vetustas creaciones de la naturaleza.
Conforme íbamos caminando, derechos hacia Vregardia, me di cuenta que aquel empedrado, que delimitaba el camino a seguir, se notaba mucho mejor realizado cuanto más cerca estábamos de nuestra próxima parada.
Al cabo de un buen rato, comenzamos a notar una progresiva obertura de los árboles en el camino y un notorio aumento de la llegada de los rayos del sol hacia nosotros, dándonos a entender que la zona de vegetación se iba acabando y que, por fin, habíamos llegado a nuestro destino. Sin embargo, allí nos esperaba una insospechada sorpresa. Allí... ¡no había nada! Bueno, lo que no había era nadie, ya que, en realidad, si que había algo: Casas con las ventanas y puertas entabladas... Todo hogar que se mostraba ante nosotros, recubierto de tablillas de madera hasta los topes en todas sus entradas o salidas posibles. Aquello era... parecía, más bien, un pueblo fantasma.
Rodeada de los árboles más raros y hermosos casi del mundo entero... dejando ver una armonía arquitectónica en comunión con la naturaleza, ya fueran casas, edificios, estancias o la misma iglesia que había en el mismo centro del pueblo, siendo todos ellos de un estilo más medieval o más contemporáneo... la villa de Vregardia tan solo nos ofrecía desolación allá donde mirásemos.
Mientras deambulábamos por aquellas solitarias y fantasmagóricas calles, un pequeño vendaval comenzó a soplar, moviendo las ramas de los árboles poco a poco de un lado a otro.
Karl miró de un lado a otro, hasta que acabó por mirar hacia el cielo y ver cómo empezó a encapotarse el cielo de nubes.

-Humph... Con el buen tiempo que estaba haciendo hoy y ahora se monta esta marimorena...

De repente, Gäel se puso a mirar en una dirección en concreto, como si hubiera sentido algo.

-Ey... ¿lo habéis oído?

-¿Oído el qué... ? - Pregunté extrañado.

Al segundo, sin decirnos nada, salió corriendo hacia donde estaba mirando. Nessa, al verlo correr, le preguntó que a dónde iba, pero no obtuvo ninguna respuesta.
Le seguimos sin ni si quiera pararnos a pensar en ello. Una vez le alcanzamos, Gäel se había detenido en una esquina, a unas 4 o 5 manzanas de allí. Pero había algo raro, se había parado como si estuviera escondiéndose de algo... o como si estuviera espiando a alguien.
Se me ocurrió preguntarle que qué se suponía que estaba haciendo, pero, instantáneamente, me mandó callar y siguió observando... fuera lo que fuera. Me extrañé, así que intenté observar aquello que tanto le intrigaba, agachándome y escondiéndome de la misma forma que él lo hacía. Tanto Karl como Nessa nos imitaron y se pusieron a observar aquello de la misma forma.
Cuando me di cuenta de lo que estaba pasando, un chico, a lo mejor no mucho más mayor que nosotros, acompañado de tres hombres más que iban vestidos de negro con largas gabardinas, sombreros de fieltro y gafas de sol, le había propinado un golpe tremendo con un gran bate de madera a un niño de apenas 9 o 10 años. Una chica, aún más pequeña que el niño y, por lo visto, su hermana pequeña, se situaba detrás suyo, a unos 5 metros... mostrando aterrorizada un inmenso rostro de angustia y sufrimiento.
Parecía como si hubiéramos llegado a mitad de una conversación.

-¡Yiaahahahahahahaha! ¡Maldito criajo de las narices! ¿Cómo te atreves a cuestionarme? ¡No... ! ¡Es más! ¿¡¡Cómo te atreves a mandarme, tú, un simple mocoso de este pueblucho en mitad de la nada!!?

El pequeño tenía un ojo morado e hinchado, que mantenía cerrado, supongo que debido al dolor. También sangraba por la boca y por la nariz. Sin embargo, se levantó y, con muchas agallas, le dirigió la palabra.

-Ya... ¡Ya me has oído! - El chico dio un respingo, intentó limpiarse la sangre con la manga y siguió hablando - Ya conseguisteis hace un mes lo que queríais... ¡Ya encontrasteis la Piedra Elemental que había! ¡¡Largaos de aquí!!

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