15 abr 2012

Capítulo 38: -El Tridente de la Destrucción-

Tanto Karl como yo desistimos de intentar perseguirles, sin embargo Gäel aún quería hacerlo, sin importarle nada más.

-Pero... ¡Pero habrá que seguirles! ¿¡No!? ¡No voy a dejar que se salgan con la suya tan fácilmente!

Por mucho que Gäel dijera aquello, Nessa todavía seguía en sus trece.

-¡Y yo ya te he dicho que este niño necesita nuestra ayuda! ¡Está muy grave y necesita primeros auxilios!

Gäel guardó silencio durante unos segundos, mirando fijamente al pequeño malherido, mientras la sangre le caía por la cara y por las mejillas desde una ceja reventada por los golpes. Uno de los lados de la cara estaba mucho más hinchado que el otro y su ojo, precisamente en dicho lado de la cara, estaba comenzando a ponerse morado por momentos.
Al final, reaccionó y, soltando un estufido de rabia, aceptó a que lo lleváramos a curarlo a algún sitio.

-¡Humph! ¡Bah, está bien! Crío de los huevos... ¡Vamos a que alguien le eche un vistazo de una maldita vez!

Sin embargo, en el último momento, una vez que Karl se había echado al hombro al niño y Nessa había cogido de la mano a la niña, apareció ante nosotros una nueva sorpresa... mejor dicho, ¡tres sorpresas! Se trataba de los tres chicos que habíamos visto en la entrada del bosque.

-¿Qué hacéis vosotros aquí? - Pregunté.

El de la perilla corta y desaliñada miró primero a uno de los otros dos que le acompañaban y luego al otro, asintiéndoles a ambos con la cabeza... como si se estuvieran comunicando entre sí sin necesidad de palabras.

-Venid con nosotroh...

Sin mediar palabra, se dieron la vuelta y comenzaron a andar. No sabíamos qué hacer. El único que se dignó a hacer algo fue Gäel, quien les preguntó lo más obvio.

-Ya... pero, ¿a dónde nos lleváis?

El silencio le respondió.

-¿¡Que a dónde nos lleváis!? - Insistió.

De nuevo, tan sólo nos respondió el silencio... hasta que por fin, el muchacho de pelo encrespado que llevaba gafas, se giró y nos contestó brevemente.

-Si queréis ayudarle... venid con nosotros. Es lo único que tenemos que decir al respecto.

Dicho ésto, se emparejó las lentes empujándolas con el dedo índice y continuó andando.
Karl y yo no lo dudamos y decidimos seguirles. Gäel nos preguntó que qué estábamos haciendo. No le respondimos y seguimos adelante, intentando seguirles de cerca. Nessa, acompañada de la pequeña, hizo lo mismo y se puso detrás nuestro. Gäel, refunfuñando sobre lo que estábamos haciendo y sobre a dónde nos iban a llevar. Al punto en que me cansé de sus incesantes quejas, me giré y acabé por contestarle.

-¡Vale ya! Escucha... Vamos con ellos porque no tenemos otra opción. Aquí no conocemos ni a Dios. Por el momento, hacer ésto y no hacer nada viene a ser lo mismo... pero yo, antes que no hacer nada, prefiero seguirles. No sabemos donde nos llevan ni qué podrían llegar a hacer cuando lleguemos allí... pero lo único que sé es que tampoco nos vamos a quedar de brazos cruzados, ¿¡te vale!?

Gäel puso aquella cara que solía poner cuando las cosas le mosqueaban y siguió quejándose.

-Dices que no tenemos otra opción, pero lo que no piensas es que podemos ir probando por las casas del pueblo para que nos abran y les ayuden... Seguro que alguien les conoce o sabe cual es su casa, y así podríamos devolvérselos a sus padres... y ellos podrían curar al crío y...

En escuchar lo que decía Gäel, el tercero de ellos, el que tenía el pelo muy corto... el que todavía no había comentado nada... se giró y le contestó.

-Esos niños no tienen padres... murieron hace poco.

Una vez dicho ésto, volví a girarme hacia Gäel y terminé aquella discusión.

-¿Te vale esa respuesta? Creo que es mejor que lo que yo había dicho y todo.

En responderle eso, Karl también se giró y se dignó a decirle algo con sentido.

-Además, ya has visto que todas las casas del pueblo están trabadas con tablones hasta los topes... ¿de verdad sigues pensando que, gente que han hecho eso en sus casas, nos dejarían entrar sin más, fuera cual fuera el motivo?

Gäel no se dignó a hablar en todo el camino y, además, estuvo así durante mucho tiempo más.
En un momento dado, aquellos tres se detuvieron en la parte trasera de una casa. De nuevo, el chico de la perilla se giró y volvió a dirigirse a nosotros para decirnos que habíamos llegado a nuestro destino.

-Pero... Pero, ¿qué... ? ¡Si esto es la parte trasera de una casa! ¡La única entrada es aquella ventana de allá arriba! - Esta vez fue Karl quien replicó, mientras señalaba la ventana a la que se refería.

-No oh procupéih por eso... ¡Yaro! ¡Al lío!

Al decírle ésto, el chico de pelo corto se agachó y plantó en el suelo una semilla que había sacado del bolsillo. Nessa se extrañó y preguntó acerca de lo que estaba haciendo aquel chico, pero la única respuesta que obtuvo fue el ser callada por parte de los otros dos, con un dedo tapando sus bocas en señal de silencio, y la frase “Tú calla y mira”. Cuando terminó de enterrar esa semilla, puso su mano derecha abierta sobre el suelo y cerró los ojos durante un par de segundos... hasta que, por fin, sucedió algo digno de llamarse “magia”. De donde supuestamente estaba la semilla plantada surgió un brote que, poco a poco, se convirtió en una enorme planta que ascendía hasta la ventana del piso de arriba de aquella casa.
Un vez detenido el crecimiento, hecho como por arte de magia, de aquella magnífica obra de la naturaleza, el mismo chico nos invitó a trepar por ella.

-Heheheee... Ya podéis subir.

Él fue el primero en comenzar a trepar por la planta. Acto seguido, le siguió su compañero de gafas, y el de la perilla se quedó a nuestro lado, insistiendo en que subiéramos.

-¡Vamoh! ¿No vaih a subir?

Yo, excepcionalmente sorprendido por lo que acababa de ver, necesitaba enterarme en aquel momento sobre sus identidades.

-Pero... ¿quién... quién diablos sois vosotros?

El muchacho se me quedó mirando, justo antes de intentar seguir a sus compañeros, y, con un extraño y mordaz aire sonriente, me contestó.

-¡He! ¿Que quieneh somoh? Nosotroh somoh... ¡el magnífico “Tridente de la Destrucción”!

No hay comentarios:

Publicar un comentario