-¡Ey, Maeglin! ¿¡A dónde vas ahora!? - Karl se quedó extrañado por verme de nuevo salir corriendo tan de repente.
-¡Creo que conozco a esa chica... y quiero alcanzarla para ver si es ella!
-¿¡Cómo dices!? ¡Mierda! ¿¡Hay que seguir corriendo aún más!? ¡¡Aaaarrff!!
Mientras seguía corriendo, Nessa intentaba conversar sobre lo sucedido con Gäel y el posadero hacía unos segundos... o, al menos, lo que la respiración le permitía hablar mientras los tres corrían tras de mí a todo lo que sus piernas les daba.
-Gäel... ¿Qué... ahh, ahh,... Qué diablos ha pasado con el viejo de antes?
-¿Eso... ? Ha... Hahahaha... Nada, nada,... Que de pequeño... ahh, solía robar aquí muy... ahh, muy a menudo, haha... ¡hahahaha!
Nessa no se lo pensó y empezó a pegarle y a recriminarle todo tipo de cosas, mientras Karl pasó por completo del tema y se dedicó a interesarse de nuevo por aquella chica, la cual, supuestamente, yo creía conocer.
-Oye, Maeglin... y... y, ¿de qué dices que conoces a esa chica?
-Yo no he dicho que la conozca... He... He dicho... que creo que la conozco y que... ahh, que aún no sé... si es ella o no... Pero... pero, si es ella,... ahh, ahh, entonces se trata de la chica que se fugó de Dracoon el mismo día que yo...
Los tres se quedaron sin dar crédito alguno a lo que sus oídos acababan de escuchar, mientras que exclamaron, gritando al unísono, una grandísima interrogante.
-¿¡¡Que QUÉEEEE!!?
-Ahh... ¡Ah, si! ¡No os lo había contado! Ahh, en fin, no es muy importante, ya... ya habrá tiempo para... ahh, para contároslo todo...
Continuaron preguntándome varias veces acerca de lo que les acababa de contar, sin embargo seguí corriendo mientras les decía una y otra vez que ya llegaría el momento.
Tras un buen rato, por fin llegamos a la entrada del bosque que daba lugar a Vregardia. En realidad, Vregardia era un pequeño pueblo construido justo en mitad de aquel inmenso bosque, el cual presumía de ser “uno de los colosales pulmones del mundo”.
Estábamos exhaustos. No habíamos parado de correr prácticamente en media hora. Al llegar, Nessa por poco se dejó la cara en el suelo debido al agotamiento, sino fuera porque Gäel la cogió al momento. No creo que yo estuviera para muchas más alegrías que Nessa, ya que, al llegar a la entrada del bosque, me paré en seco, apoyé la manos sobre las rodillas y comencé a respirar como un poseso. Karl, parecía estar algo mejor que yo, solo que, en vez de apoyarse sobre las rodillas, se apoyó sobre un árbol.
Mientras recuperábamos el aliento, aprovechamos para observar aquel hermoso paraje que se descubría ante nosotros. Los árboles podrían alcanzar una altura de, por lo menos, más de 10 metros. Sus hojas eran de un color verde oscuro, denotando fuerza y majestuosidad en el brillo que desprendían. La luz se filtraba apenas lo justo, entre aquellos monumentos de la naturaleza, para alumbrar con una ligera calidez el camino empedrado que llevaba hacia el pueblo.
Ya había perdido de vista a aquella chica, la cual suponía que podía tratrse de aquella con la que me topé de camino a Grydor... la que, sorprendentemente, también se fugó de Dracoon el mismo día que yo... pero eso ya daba igual. De todos modos, por mucho que corriera, dudo mucho que pudiera haberla alcanzado, además que no podía actuar siempre sin pensar en aquellos tres nuevos compañeros que tenía tan solo por una “corazonada”. Por lo que pasé del tema y decidí proponerles a los tres de, ya que estábamos allí, entrar en el bosque y llegar a Vregardia lo antes posible para poder comer y descansar. Sin embargo, los caminos que delineaban nuestras vidas parecían no querer dejarnos hacer ni una cosa ni otra, ya que acabaron por ponernos otra prueba más aquel día.
De repente, una vez recuperados por completo y tras haberlos convencido de seguir avanzando, Gäel se abalanzó sobre nosotros y nos impidió continuar, haciéndonos retroceder mientras nos decía “¡ATRÁS! ¡RÁPIDO!”. Sin ton ni son, al momento en que conseguía hacernos volver, una lluvia de flechas cayó sobre el punto en el que nos encontraríamos, presuntamente, en el hipotético caso de que Gäel no nos hubiera detenido.
Tras ésto, afirmó algo más que evidente, que Karl acabó por confirmar con un tono bastante sarcástico.
-Tened cuidado... Hay alguien ahí...
-¿En serio, “gordo”? ¡No nos habíamos dado cuenta! Creía que las flechas eran un adorno del bosque, ¡pero gracias por la información!
-“Amorfo”, cuidado con esas palabras, que aún te reviento.
No era el momento de discutir, así que intenté callarlos.
-¡¡Chhsst!! ¿¡Qué coño hacéis!? ¡Dejaos de tonterías!
Al momento, unas voces salieron de entre las profundidades de los árboles y se dirigieron a nosotros.
-¡Salid del bosque! ¡No sois bien recibidos! ¡¡LARGO DE AQUÍ, INTRUSOS!!
No esperé ni un segundo y me dirigí hacia aquellas voces.
-Sea quien sea quien esté detrás de todo ésto... tan solo queremos llegar a Vregardia para... - Aquellas voces no me dejaron acabar.
-¡¡NO SOIS MÁS QUE INTRUSOS, QUE VENÍS A INVADIR EL BOSQUE Y SUS BIENES NATURALES!! ¡¡LARGAOS O SENTIRÉIS LA IRA DEL BOSQUE!!
Al unísono en que aquellas voces terminaban sus amenazas, una nueva ráfaga de flechas cayó sobre nosotros, esquivándola a duras penas. Una vez estuvimos apartados de la entrada del bosque, Nessa se dirigió a nosotros.
-Esas “voces”... no creo que vengan de la nada. Hay alguien ahí, escondido...
Tras ésto, juntó las manos y cerró los ojos, mientras agachaba la cabeza. Estuvimos observándola durante apenas un momento, al mismo tiempo que parecía estar como rezando o haciendo algún tipo de plegaria. Sin levantar apenas la cabeza, volvió a abrir los ojos y le hizo una señal en silencio absoluto a Karl, señalando tres árboles completamente separados entre si. Al recibir tal señal, Karl creyó entenderlo y se dispuso a disparar con sus pistolas a los tres lugares señalados. Una vez lanzados tres disparos, prácticamente a la vez debido a la velocidad con la que los realizó, cayeron de los tres árboles tres chicos que serían poco más jóvenes que nosotros, aproximadamente de la altura de Nessa: Uno con melena bastante corta y perilla corta y desaliñada, otro de pelo corto y encrespado con gafas y un último con apenas rapado. Esos fueron los rasgos más característicos que pude diferenciar a primera vista.
El que tenía la perilla corta, parecía ser el más escandaloso, además que hablaba de forma muy rara.
-¡¡Aaaahhh!! ¡¡Dioh mío!! ¡¡Que daño!! ¿¡Cómo noh han podío dehcubrir!?
En ese mismo instante, Karl se acercó hacia ellos lentamente con un ademán chulesco.
-Vaya, vaya,... Mira lo que hemos cazado. ¡Tres pajaritos han caído de los árboles!
-Oh, oh,... ¡¡TRIDENTE, SALIMOH POR PATAH!! ¡¡A CORRER!!
Después de aquello, los tres chicos salieron pitando mientras Karl se partía de risa al verlos escapar.
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