Una vez acabada la conversación, decidimos ponernos en marcha cuanto antes.
Aproveché que teníamos estancia completa en aquella especie de hostal para ducharme en el baño de aquella habitación. Me tomé mi tiempo en asearme. Creo recordar que, a pesar de que seguí duchándome a mi manera tras abandonar Dracoon hacía no más de un año, no sentía el agua recorrer mi cuerpo de aquella manera desde la última ducha que me di en la Compañía “M”.
Al salir, vestido de cintura para abajo y todavía secándome el pelo, me encontré a mis tres nuevos compañeros de viaje sentados, mirándome sin mediar palabra... o, más que mirándome, observándome minuciosamente. Aquello me mosqueaba un poco, por lo que decidí preguntarles por qué lo hacían.
-Sin duda... - Nessa fue la primera en contestar, pero hablaba como si continuara una conversación anterior a la que yo acababa de comenzar - ...si queremos que no le reconozcan, Daren necesita un bueeeeeen cambio de imagen. Podríamos empezar por ese casco de pelo que tienes en la cabeza... o por esa perilla de chivo tan desaliñada... ¿qué pensáis vosotros?
Nessa rió de aquella manera tan inocente con la que solía hacerlo al terminar de hablar. Karl no lo dudó un instante y respondió al unísono en que ella terminaba de reír.
-¡Hahahahahaha! ¿¡Para qué esforzarnos!? ¡Poco podríamos hacer con este esperpento!
Intenté no hacer demasiado caso a aquellos comentarios, terminé de vestirme y me dispuse a salir de la habitación, mientras les soltaba una de mis frases más habituales.
-Que os follen...
A la vez que iba bajando los escalones de aquel segundo piso, escuchaba como los tres se levantaban a todo correr, mientras recogían las pocas cosas que pudieran tener que coger. A su vez, Nessa me gritaba aún desde la habitación.
-¡Ey! ¡No necesitas ser tan borde! ¿¡Lo sabes!? ¿¡Eh!? Pero... ¡Pero espéranos! ¡Eh! ¡Maeglin! ¿¡Me estás escuchando!?
-No cambiará nunca... - No se escuchó apenas esta última frase, pero creí reconocer la voz de Gäel cuando apenas pude oírla.
En apenas unos pocos segundos, volví a estar en aquella calle que unía las dos entradas al pueblo y encabecé mi camino dirección a mi siguiente parada: Vregardia.
En poco tiempo consiguieron alcanzarme en mitad de la calle. Miré hacia arriba, par situar el sol y la posible hora solar, tal y como hice esa misma mañana, y calculé que podrían ser las 12 del mediodía, y casi me echo las manos a la cabeza al recordar lo “listos” que habíamos sido al partir de aquel lugar sin, no solamente, haber desayunado, sino que también sin habernos esperado a comer algo. Me esperaba un tedioso viaje, de más o menos 6 o 7 horas de duración... sin apenas haber probado bocado... en el que Nessa no pararía de comerme la cabeza con que si “tenía que cambiar mi aspecto al menos un poco, que tenía que hacerle caso, que tenía que pensar un poco en ellos y pensar en lo que pasaría si los vieran acompañando a un renegado, que tenía que ser más compresivo y no ser tan egoísta”, y un larguísimo etcétera. Además también estarían Gäel y Karl: Unas veces riéndose de mi, otras veces riéndose de Nessa,... claro está, cuando no se reían el uno del otro, que si “amorfo” por aquí, que si “gordo” por allá. Sinceramente... ¡se me hizo eterno!
Aproximadamente serían las 4 o las 5 de la tarde cuando, de forma desesperada y casi sin poder aguantarles un segundo más, les comenté la posibilidad de tomarnos un descanso en un pequeño bar/ posada que había en mitad del camino. Sin dudarlo, tanto Gäel como Karl me respondieron al unísono de forma afirmativa, mientras sus estómagos rugían.
-¡¡Dios!! ¡¡Si!! ¡¡Por fin algo que echarnos a la boca!! ¿¡Quién sería el inútil al que se le ocurriría salir de Grydor sin comer nada!?
Mientras Gäel soltaba su “serenata” de despectivos y quejas hacia la nada, yo me decía para mi mismo un clarísimo “NO ME LO RECUERDES”, a punto de perder el poco juicio que me quedaba.
Todo aquello daba igual, porque ya estábamos a unos pasos de llegar a aquel sitio donde por fin podríamos calmar nuestra hambre y sed... o, al menos, eso creía yo con excesiva confianza, ya que, justo en el instante en que nos disponíamos a entrar, la puerta de aquel bar/ posada se nos abrió de golpe, apenas dándonos tiempo a reaccionar. Cuando quisimos reaccionar, nos dimos cuenta de que una chica de complexión mediana, más bien pequeña, de pelo corto y encrespado, había salido disparada a más no poder de aquel lugar, cargada hasta los topes de comida.
-¡¡Ladrona!! ¡¡Vuelve aquí con esa comida y págame!!
El posadero salió al poco tras ella, pero ya llegaba un poco tarde para atraparla por lo que se quedó maldiciéndola desde la puerta.
La muchacha giró la cabeza, mientras no dejaba de correr ni un solo segundo, para poder responderle de alguna manera, dejando ver unos ojos saltones y verdáceos, una bandana colgada al cuello y una boca con la que mordía un enorme trozo de pan.
-¡¡Bo... Bo ffiento!! ¡¡Ffubo que vovebé paba paggaff!!
Nos quedamos embobados mirando aquella cómica y extraña escena que sucedió en mitad de la nada.
-No la he entendido demasiado... pero... ¡pffff! ¿ha dicho que... “jura volver para pagar”? - Gäel decía ésto aguantando la risa con dificultad - ¡Hahahahahaha! ¡Vaya una ladrona de poca monta! ¡Un ladrón es un ladrón, después de todo! Si robas, ¡no digas tonterías de “volver para pagar”!
¡Hahahahaha! ¡Como si te fueran a creer!
-¡¡Aaaaaarrrrgh!! ¡Que me tengan que pasar estas cosas a mi... !
El anciano posadero empezó a meterse de nuevo en su local, mientras mascullaba maldiciones y ciertos despectivos hacia la chica que acababa de robarle. Sin embargo, en el último momento, se giró hacia nosotros y se quedó observando con detenimiento a Gäel. Al quedarse tan cerca de él, mirándole con tanto énfasis, Gäel no pudo evitar preguntar bruscamente sobre ese comportamiento.
-¡Eh, tú! ¡No me babees! ¿¡Qué te crees que estás haciendo!?
-Tú... - El posadero frunció ambas cejas, y, con cara de enfado, le respondió - Tú eres el menor de los hijos de Reimon... La vista no me engaña.
Al oír ésto, Gäel cambió repentinamente su expresión y nos dijo algo inexplicablemente inesperado.
-Oh, oh,... ¡Nos largamos!
Al unísono, Gäel empezó a correr como si huyera del mayor de los acreedores... y no me equivocaba mucho al considerar al posadero como “acreedor”.
Los tres que nos quedamos atrás, comenzamos a seguirle rápidamente antes de que nos pudieran llover represalias a su costa, sin ni si quiera saber si ésto podría pasar o no.
-¡Gamberro! ¡Delincuente! ¡La próxima vez que te vea te cogeré por fin, después de tantos años! ¡Ya volverás, ya!
El posadero había empezado a correr detrás nuestro, sin embargo paró al poco de empezar a seguirnos. Los años le pasaban factura.
Al cabo de un rato paramos para descansar de tanto correr. Aunque había algo que me reconcomía por dentro desde hacía un rato: Aquella ladrona. Yo conocía a aquella chica y ni si quiera me había dado cuenta de quien era hasta aquel momento. Así que, sin pensármelo y sin mediar palabra, salí corriendo de nuevo... esta vez, tras de ella.
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