A la mañana siguiente, me levanté bastante temprano. Aquellos tres con los que compartí habitación todavía dormían. Gaël, sentado en el suelo y apoyando la espalda en la pared, dormía justo al lado de Nessa, que dormía plácidamente y mantenía una expresión algo más aliviada de todo el dolor y sufrimiento que reflejaba en la noche anterior. Y Karl... bueno, Karl dormía a pierna suelta, con la boca abierta y roncando como un oso. Nada nuevo de lo que pudiera haberme esperado.
En salir de la posada, miré hacia donde se ubicaba el sol, y concluí por su posición que podrían ser las 7 o las 8 de la mañana. Los pájaros ya comenzaban su canto matutino desde los árboles, el viento traía un olor a hierba y a campo muy agradable y el mismo gato negro que nos observaba de vuelta a la posada la noche anterior se mostraba ante mi, sentado en el suelo del portal de enfrente, lamiéndose como acto de su higiene animal. La mañana tenía la palabra “tranquilidad” grabada a fuego en ella.
Di un enorme bostezo y, tras desperezarme, me dio un pequeño escalofrío. Supuse que debía tratarse por el frío que también impulsaba la brisa de la mañana, por lo que decidí volver una vez más a casa por si encontrara cualquier prenda con la que pudiera abrigarme durante la travesía que me esperaba a partir de ahora.
De camino, encontré a tres vecinas, algo mayores, “cacareando”, ya a primera hora de la mañana... Una visión muy normal en aquel pueblecito.
-¿Sabéis lo que ocurrió ayer en ese espectáculo que montaron los del ayuntamiento?
-¿“Espectáculo”? ¡Más bien atollaero de salvajes y de locos! ¿¡Cómo se les ocurre montar aquella parafernalia!? ¡Como pa' habesse matao to's!
Una de las vecinas, la más mayor al parecer, todavía conservaba uno de los dialectos regionales de antaño. Lo llamábamos el “lenguaje de la huerta”. Pocos ya lo conservaban como lengua materna.
-¡Ya te digo, chica! ¿Qué se esperaban de un espectáculo de lucha? No tienen remedio...
-Tamién he oío que una cría salió malpará... M'han dicho qu'está aquí al lao...
-Si... pobrecita. ¿Que tendría? ¿16? ¿17 años?
Proseguí mi camino, cabeza agachada y manos en los bolsillos, sin darle la menor importancia.
Al cabo de unos cinco minutos, llegué de nuevo a mi casa. No quise retrasarme demasiado con pensamientos nostálgicos, mirando retratos de mi abuelo o de mi también difunta y bellísima madre. Si... he dicho bellísima. Que fuera mi madre no quiere decir que no lo fuera o que mis palabras se tercien en pensamientos subjetivos debido al amor que le tenía. No... ella, en verdad, era hermosísima. Y, sin embargo, siendo yo el que más se le parecía de los dos hijos que tuvo, no me podía considerar tan agraciado como lo era ella. Como decía, me limité a prácticamente entrar y salir de la casa, tan solo habiendo cogido una prenda de abrigo. Volví a entrar por la ventana detrás de la casa, por donde lo hice el día anterior al torneo. Recordé que mi hermano tenía un pequeño armario empotrado en la pared de nuestra habitación, en el que podía guardar alguna prenda que pudiera cogerle. Y... ¡bingo! Allí se desplegaba un verdadero infierno de camisas, camisetas, pantalones, cinturones, deportivos, botas, zapatos y demás indumentarias y complementos. Buscando entre todas estas prendas, se me vino encima una avalancha de ropa, entre la cual conseguí ver, desde el suelo, una prenda que no me desagradó en absoluto: Su chaqueta de pana marrón, algo apagada debido al paso del tiempo, pero conservando aún una buena calidad del material.
Me la probé enseguida y me miré en el espejo que había en el recibidor de casa. Era perfecta. Se amoldaba más que de sobra a mi cuerpo, era lo suficientemente larga de faldón para que me acolchara el peso de la espada del abuelo... y, lo mejor de todo, tenía una suave y fina capa de pelo por dentro que me abrigaba de la espalda hasta el cuello. Hacía tiempo que no sentía nada tan confortable.
Tras mi búsqueda de ropa de abrigo, volví en seguida a la posada y, en cuanto llegué, mis compañeros ya se había despertado... incluida Nessa, que ya tenía mucha mejor cara.
Estuvimos hablando de todo un poco, hasta que por fin, tal y como me temí, Karl volvió a preguntarme sobre el asunto de Ox, Dracoon y mi pasado. Di un largo suspiro... y al final accedí a hablar.
-Está bien... Lo poco que os puedo decir es que, cuando estuve en Dracoon, conocí a este sujeto, Ox... ese que vimos salir ante nuestras narices de aquel pilar de llamas negras. Mantuvimos cierta amistad... aún siendo de compañías distintas y tan solo manteniendo contacto en ciertas campañas. Y, sin embargo, en la poca relación que mantuve con él, lo vi como alguien de confianza.
-¿Ese tío? ¿Alguien de confianza? - Karl me interrumpió.
-Si... bueno. Obviamente, dentro del imperio no podías confiar en nadie más que no fuera de allí. En fin... No era un mal tipo, después de todo. Hasta que, un día,...
-¿Un día... ? - Gaël frunció el ceño.
-Escuché que se prestó voluntario para uno de tantos experimentos que se hacían en los cuarteles generales. Pero había algo raro en ello... Ox siempre había rechazado todo experimento al que se le reclamó como objeto de estudio... y, en este último, ni se lo pensó. Había algo raro en todo aquello. Además... me dijeron que aquel experimento no era ordinario...
-¿Qué quieres decir con eso de “ordinario”? - Esta vez fue Nessa la que preguntó.
-Algunos compañeros que hice en mi compañía comentaban que se oía desde las altas esferas que aquel experimento era el más peligroso que se había decidido hasta la fecha para realizar con un ser humano. Nadie sabía nada salvo lo del peligro... ni de qué se trataba, ni de cual podía ser la recompensa o beneficio por ello,... nada.
-Ya escuché algo sobre el tema... - Karl me interrumpió - Ese experimento se calificó como de Clase S... Tenía el rango más peligroso de entre los que había. Aún así, ni estando en Asuntos Internos pude enterarme bien de qué se trataba. Bueno, ¿y bien? ¿Qué hiciste?
-No tenía nada que ver conmigo... y tampoco es que me afectara directamente, ya que se trataba de Ox... y no es que lo tuviera como alguien muy querido o próximo a mi. Simplemente, actué... por curiosidad. Pero cuando llegué a la compañía a la que pertenecía, me dijeron que ya se lo habían llevado a las instalaciones del pabellón 7.
-¿Cómo? ¿Qué es eso de las compañías y los pabellones? - De nuevo Nessa interfería con sus dudas, que Karl se encargó de resolver a su modo.
-Dracoon está dividido en 26 compañías, de la “A” a la “Z”, que son enormes barracones donde todos los internados allí comen, duermen y hacen su vida social junto a los de su clase militar. Las tres primeras compañías, “A”, “B” y “C”, son para las altas esferas. Las ocho siguientes, de la “D” a la “K” son las Compañías de Investigación y Desarrollo, para funcionarios y rangos de investigación científico-militarizada, como Asuntos Internos. El resto son para los de la brigada de infantería, regimiento de artillería, brigadas logística y sanitaria, etc., etc. Cada Compañía de Investigación y Desarrollo posee diez pabellones de investigación, con sus respectivas instalaciones para la experimentación, y, el pabellón al que fue Ox, se trataba de uno de estos pabellones que te acabo de explicar. ¿Te ha gustado el resumen? Ahora, ¡deja de interrumpir!
Nessa le miró indignada y, con un buen mosqueo, empezó a tirarle objetos de adrezo de aquella habitación. Tanto Gaël y yo nos echamos la mano a la cara... casi decepcionados de aquella escena más que repetitiva.
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