Pasamos la noche en la posada donde mis tres compañeros durmieron el día anterior al torneo, en donde Nessa pudo dormir todo el tiempo que le hiciera falta para recuperarse. Su cara reflejaba una angustia mayor que la que cualquier persona pudiera soportar.
Yo estaba algo inquieto, por lo que salí de aquella posada, de nombre “El Reposo”.
La noche era de lo más oscura que había visto en años. Se podían observar las estrellas de forma no muy nítida, ya que, si la noche ya era oscura en si, el intenso reflejo del fuego de los candiles callejeros se las apañaban para que no se pudieran divisar de buena forma. Sin embargo, allí estaba la luna, en su fase de cuarto creciente. Tan bella y sinuosa, iluminando la noche tanto como podía e incitando a convertir la noche en esclava de los gatos que deambularan a sus anchas en aquellas modestas y lóbregas calles.
Me puse a andar sin un rumbo fijo. Sin embargo, a los pocos pasos, Karl me sorprendió a mis espaldas.
-¡Eh, tú! ¿A dónde vas?
¿Mmm? Nada, nada,... Tan solo quería dar un paseo y pensar.
-Ya, claro... Hoy ha sido un día movido de cojones, ¿eh?
-Si...
Comencé a andar de nuevo, con Karl a mi lado. Charlamos sobre unas pocas cosas, pero nada provechoso en si. Anduvimos en medio de la noche, iluminados por el color de los candiles que colgaban de los postes colocados en cada esquina de las calles.
En un momento dado, acabamos llegando a un punto muerto en el que no habían más calles ni casas, tan solo un vallado que delimitaba aquel vecindario de la zona de campo. Allí me detuve y me senté. Karl hizo lo mismo, solo que, en vez de sentarse en la valla, se apoyó en ella.
En aquel instante, los dos conservamos el silencio y miramos hacia el cielo. A mi parecer, en aquella parte se podían observar de mejor manera las estrellas, ya que las luces del pueblo no conseguían contaminar del todo su luminosidad natural.
Eché en falta alguna petaca que llevara un buen alcohol que echarme a la boca. “Mirar las estrellas... Beber alguna bebida espirituosa... ”, era una combinación infalible si una persona quería relajarse y apaciguar el alma... o moldear los pensamientos inquietos.
Estuvimos bastante rato así, hasta que Karl por fin dijo su primera cuestión acerca de lo ocurrido aquel día.
-Dime una cosa...
-¿Qué?
-Era de verdad Ox, ¿no? Él... era el "Ox" que tu y yo conocemos, ¿verdad?
Callé durante un par de segundos y afirmé con la cabeza.
-Tenía informado que su cuerpo desapareció tras el “incidente” de hace un año. Se comentó que pudiste ser tú quien le matara... ya que desapareciste justo al día siguiente de la destrucción del pabellón 7, y... justo aquel que estaba siendo utilizado como objeto de experimentación aquella noche... era Ox.
Sin más dilación, le miré y pregunté.
-¿Y tú... ? ¿Qué es lo que piensas... ?
-Sinceramente, nada. - Me miró y con una mano me sacó dos dedos - Solo habían dos opciones: O bien fuiste tú quien se los cargó a todos, o fue Ox quien lo hizo... y por lo que he visto hoy, creo que puede que el Alto Mando de Dracoon no lo pensara dos veces al cargarte el muerto a ti.
Tras ésto último, el silencio volvió a acogernos... Estuvimos sin hablarnos durante unos minutos... o al menos yo creí que así se me hizo.
Las nubes se podían vislumbrar, corriendo delante de la luna... a veces tapándola más, a veces tapándola menos. El viento apenas soplaba y la temperatura era agradable, por lo que no había demasiada sensación de frío. En realidad nos encontrábamos en medio de un invierno algo atrasado, cosa que me extrañó, ya que nunca suele retrasarse en llegar a Grydor.
Me vi observando aquella situación hasta que me di cuenta de que Karl estaba mirándome, como esperando algo de mi. De repente, volvió a hablarme.
-¿Y bien?
-¿“Y bien... ”, qué?
-¿¡Cómo que “Y bien... qué”!? ¿Tú sabes lo que pasó o no?
Se volvió a hacer el silencio... pero esta vez, fui yo quien, tras pegar un saltó y bajar de la valla, lo rompió.
-Volvamos a la posada... Será mejor que os lo cuente a todos cuando Nessa despierte.
-¿Pasa algo... ?
-No... es que prefiero no tener que repetir lo mismo una y otra vez.
Finalmente... el recuerdo de aquella noche termina con la misma imagen con la que comienza: Una oscura noche, un mar de estrellas casi invisible para nuestros ojos y una suave luz de luna, acompañada por otra más intensa, proveniente de los candiles, que dibujaban la silueta de nuestras difusas y emborronadas sombras a lo largo del camino de vuelta hacia la posada. Las únicas diferencias apenas apreciables entre el principio de este recuerdo y su final eran un gato negro observándonos desde un tejado y, a lo lejos, el sonido del campanario del pueblo... replicando la medianoche como hora local.
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