4 mar 2012

Capítulo 27: -Presentimiento hecho realidad-

Aquel estruendoso temblor cada vez se hacía más de notar. Como si de una corriente subterránea a punto de estallar se tratara, el temblor empezó a expandirse y cada vez era más fuerte, hasta que llegó a notarse bajo todo el graderío y bajo todo el estadio.

-Esto... ¡Esto es malo! ¿¡Es un terremoto!? - La gente del público comenzaba a entrar en pánico.

-No... No es un terremoto... Las ondas sísmicas no vienen tan continuas como si se trataran de uno. Esto es... Esto es como si viniera algo por debajo de la tierra... como... ¡como una erupción!

Gäel explicó ésto con una mueca desencajada... No sólo no se explicaba qué podía ser aquel temblor que sacudía toda la zona, sino que parecía hasta asustado. Nunca lo había visto con una expresión así.
En un momento dado, levantó la mirada y pegó un grito de alerta.

-¡¡VÁMONOS!! ¡¡ALGO GORDO SE ACERCA!!

Yo no entendía nada. No sabía a qué venía aquella advertencia ni aquella forma de actuar. Al verme dudar, Gäel volvió a reiterarse en lo dicho.

-¿¡¡QUÉ HACES!!? ¡¡VÁMONOS!! ¡¡NO HAY TIEMPO QUE PERDER!!

Sin saber muy bien por qué, comencé a correr hacia la zona de gradas, y tras de mi me seguía Gäel. Pero habíamos salido corriendo demasiado tarde... una explosión tremendamente violenta nos sacudió por detrás y ambos acabamos cayendo al suelo.
Mucha gente comenzó a huir de allí. Los árbitros intentaron hacer que mantuvieran la calma, pero fue en vano. Todo el mundo corrió por su vida como si se tratase del fin del mundo.
Karl y Nessa quisieron venir a ayudarnos a escapar también, pero no sabían que no haría falta correr a ningún lado, ya que aquella explosión tan sólo era la afirmación de todo aquello que me estaba temiendo.
Gäel fue el primero en levantarse, y, mientras yo intentaba levantarme torpemente a la vez que empecé a toser, se giró para ver el motivo de la explosión tan brutal que había sobrecogido a todo el mundo hacía un segundo.

-Dios... mío... ¿qué... ? ¿¡qué... cojones... !?

Una vez me incorporé mas o menos, intenté también girarme para observar qué era aquello que tanto le sorprendía. No era para menos la sorpresa... ya que a mi... sinceramente... me dejó sin aliento. Al ver aquel fenómeno, enmudecí de golpe mientras la boca se me iba abriendo lentamente.
Allí estaba... un pilar de llamas negras que ascendía a una altura impensable... como si del peor de los presagios se tratase, parecía que la misma sangre del planeta hubiera oscurecido. Estábamos presenciando algo no descrito si quiera en los cuentos más fantásticos ni en las leyendas más idealizadas.
De repente, aquella flamígera y oscura corriente de energía empezó a atenuarse ligeramente, y, de su interior, comenzó a surgir una sombra más oscura aún. No alcanzábamos a divisar ni si, acaso, aquello era humano o no.
Allí estábamos los cuatro juntos... Nessa cogiendo el brazo de Gäel y apenas un poco escondida tras él, Karl con una expresión incomprensible en su rostro y... yo, que apenas había podido ni si quiera incorporarme del todo bien del sobresalto y la expectación del momento.
La sombra se iba haciendo cada vez más visible, hasta llegar al punto en que pudimos ver la figura de un hombre... o muchacho... al que, sorprendentemente, yo conocía muy bien. Era... justo el presentimiento que tenía en mente que pasaría desde hacía un tiempo. Era el hombre que había estado buscando desde poco más de un año tras abandonar Dracoon.
Poco a poco, terminé de incorporarme... y la expresión que había en mi cara cambió progresivamente de sorpresa y desconcierto a una expresión de ira, rabia y odio incontenible.

-Ey... ¡Ey, Maeglin! ¿Qué te pasa? - Karl notó mi cambio de estado, me cogió del hombro y se preocupó por lo que me pasaba.

-Es... Es él... - Mi voz apenas quería salir de mi garganta.

-¿Qué dices?

-Es él... a quien he estado buscando todos este tiempo...

-¿Pero qué estás diciendo? ¿A quién estabas buscando?

Callé durante un par de segundos... La presión de mi cuerpo parecía como si fuera a hacer estallar mis arterias, mis huesos y mi cuerpo entero. Sentía como me hervía la sangre y poco a poco se iba convirtiendo en un veneno que me estaba empezando a consumir.
Por fin, conseguí soltar toda esa ira, rabia y odio acumulada en forma de una única palabra.

-¡¡OOOOOOX!!

Fue en ese mismo instante cuando la sombra de aquel individuo terminó de hacerse visible por completo... era él, sin duda... Ox.
Mis acompañantes me miraron extrañados y luego continuaron observando a aquel sujeto que se nos había aparecido de la nada.

-¡¡Capo!! ¡¡Aquí!!

Nos giramos los cuatro hacia la voz que acababa de gritar. Se trataba de mi ex-oponente, Luanne Hilltitt, acompañada de los tres Colosos, los hermanos King... aún convalecientes. Y la sorpresa aún no se quedaba ahí... ¡la muy perra tenía el premio del torneo en su mano! ¡La Piedra Elemental!

-¿¡Qué hacen aquellos allí con la Piedra!? - Se extrañó Gäel.

En ese justo momento, Luanne lanzó la Piedra a Ox con fuerza y éste la interceptó sin problema alguno.

-Umm... Una Piedra Eléctrica... - Ox se la quedó mirando, apenas sin cambiar la expresión de su cara - Perfecto... la última que necesitábamos de este tipo... ¡Buen trabajo! ¡Volvamos!

-¡¡Si, capo!!

Aquella muchacha y los tres Colosos respondieron al unísono y saltaron en dirección a donde se situaba Ox. Éste, se giró sobre sus pasos y empezó a dejarse engullir por el pilar de llamas negras.

-¡¡Ox!! ¡¡No finjas no conocerme!! ¡¡Sabes muy bien quién soy!! ¡¡Vuelve aquí!! ¡¡No huyas!! - Volvía a estar encolerizado.

-No te entrometas, niñato. Nuestro capo tiene cosas pendientes por hacer...

Luanne se puso en medio, interfiriendo en mi objetivo de detener a Ox. Pero, a pesar de que Ox ya estaba a punto de desvanecerse, no quise darme por vencido.

-¡Tú no te metas!

Me lancé al ataque sin ni si quiera pensar en otra cosa que parar a Ox antes que se fuera del mismo modo que había venido. Sin embargo... parecía que no iba a poder ser tal y como yo esperaba.

-Con esto callaré tu asquerosa boca...

Nada más acabar la última palabra, dio una palmada y luego hizo como si soltara algo con las manos abiertas. Al instante, una fuerte ráfaga de viento me detuvo y empezó a arrastrarme, mientras sentía como me desgarraba la piel. Hiciera lo que hiciera, tan sólo me quedó ver, dolorido desde el suelo, como aquellos cuatro individuos desaparecían, tras aquel intangible pilar de llamas oscuras, que, poco a poco, fue desvaneciéndose.

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