Al poco tiempo del retorno de la gente a sus respectivos asientos, los árbitros terminaron de hablar lo que estuvieran debatiendo y volvieron al tema principal.
-¡Damas y caballeros! ¡Gracias por esperar! ¡Por fin ha llegado el tan esperado momento del gran evento que representa este evento! ¡La gran final del primer torneo de Adeptos Elementales de Grydor!
Enseguida, un enorme bullicio rodeó el recinto con sus gritos, silbidos y aplausos.
-Sin más dilación, ¡que los finalistas, el participante Maeglin y el participante Gäel J. Reimon, se presenten aquí y ahora!
Como en las anteriores ocasiones, Gäel saltó con energía sobre la valla que cercaba las gradas y separaba al público del área. Yo, sin demasiadas ganas y con una cara que mostraba mi más sincera apatía, preferí hacer todo el camino hacia la zona asignada, dando el rodeo por las gradas. Todavía no estaba seguro, pero en mi interior sabía que algo tenía que ocurrir de un momento a otro. Mi hermano, Jack, no se había presentado en ningún momento, ni si quiera tratándose de la primera vez que ocurría un evento como aquel en Grydor... y tampoco había pasado nada de lo que me había imaginado que pasaría. Quizás era por eso mismo por lo que Jack no apareció... si él no pensó que podía pasar nada fuera de lo común en aquel torneo, debía de ser porque... en realidad... nada iba a pasar realmente. Al menos, esos eran los pensamientos que, en aquellos momentos, rondaban mi cabeza, al mismo tiempo que iba dirigiéndome cabizbajo hacia un combate que ya no sabía si merecía la pena que se se realizara o no.
Una vez me planté en el sitio asignado, el árbitro nos dijo algo insólito hasta el momento en aquel torneo.
-Participantes, salúdense.
Gäel y yo nos miramos algo perplejos.
-Dense la mano. Muestren al público que los finalistas no son meros mercenarios o luchadores, sino personas civilizadas.
Tanto Gäel como yo no sabíamos qué hacer... Aquello nos pareció raro hasta la médula. No conseguíamos comprender el por qué de aquello. Es más, Gäel me miró con una cara y haciendo un gesto rarísimo, que seguramente aposté al interpretarlo de la manera siguiente: “Pero, ¿¡cómo nos viene el tío este ahora con estas tonterías!? ¿¡No sería más fácil o más normal haberlo hecho en todos los combates que no tan solo ahora!?”
Al final, tuve que ofrecerle mi mano para que reaccionara. A mi, sinceramente, me importaba más bien poco el darle la mano o no y el por qué... me aguardaba una cuestión mucho más compleja: El problema de retirarme o no, ahora que veía que todo el tiempo invertido en aquel torneo había sido en vano.
Tras habernos ofrecido mutuamente nuestras manos en señal de concordia y conducta civilizada, volvió a ponerse entre los dos, levantó los brazos con las manos abiertas, señalando hacia las gradas, y dio una nueva orden en voz alta y clara.
-¡Finalistas, saluden!
Volvimos a mirarnos con perplejidad, pero nos centramos en hacer lo que nos dijo sin más. El público aplaudió levemente ante nuestra reverencia.
Una vez terminada toda esta parafernalia, el árbitro por fin se preparó para darnos la orden que toda aquella numerosa concentración de personas quería escuchar. Se retiró hacia su sitio predeterminado y gritó con gran énfasis.
-¡Podéis empezar!
Esta vez fue diferente a las demás... la gente no habló, no chilló de emoción, no aplaudió,... el silencio era ensordecedor. Ni la más leve brisa corría, ni el más diminuto ruido se podía escuchar,... tan sólo silencio había. Si me concentraba, podía escuchar los latidos de mi corazón, que cada vez se aceleraban más y más debido a mi indecisión.
Gäel fue el que rompió el silencio con una frase que jamás podré olvidar.
-No me decepciones...
-¿Qué? - Al principio, no entendí demasiado lo que quiso decir.
-Lo que oyes. He estado esperando este momento desde que te he visto luchar... incluso podría decir que lo llevo esperando desde que te vi por primera vez - Cuando dijo aquello, en mi cara se podía ver la mayor de las sorpresas jamás descrita - Tuve una especie de sensación nada más verte, y al enterarme que ibas a participar en el torneo, tan sólo deseaba que me tocara contra ti para ver hasta qué punto llegaba mi presentimiento.
La cara que ponía Gäel... si, aquella cara... era una cara que yo conocía perfectamente desde bien pequeño. Una cara que transmitía sensación de querer ganar a toda costa. Y ya no sólo “querer” ganar... sino la sensación de que parecía como si supiese con toda certeza que iba a ganar. Yo ya no sabía si aquello lo hacía adrede o era algo innato en él que nunca podría dejar de hacer.
Las gotas de sudor caían por mi cara, lentamente pero sin pausa. Miré a todos lados, como si aún esperara que pasara alguna cosa que me quitara la obligación de hacer aquel enfrentamiento... y tan sólo vi unas embobadísimas caras, con sus respectivos ojos de besugo observando incesantemente cada movimiento que pudiéramos hacer. Allí estaban también las caras de Karl y Nessa, uno inclinado hacia delante, con las manos entrelazadas, y otra con la espalda apoyada en el respaldo, con las manos apoyadas en las rodillas y la mirada expectante.
Mi tan grandiosa premonición había sido poco más que uno de tantos fallos apiñados, uno a uno, en la mochila de los recuerdos de mi vida. Debía aceptar el error que había hecho al confiar tan ciegamente en que algún desastre iba a pasar, así sin más. No tenía más opción... así que fui levantando lentamente mi mano izquierda mientras fui diciendo mi propuesta de retirada.
-Yo... participante Maeglin, declaro en este momento mi decisión de retir...
Gäel no vio con buenos ojos mi intención de retirarme. Tanto fue su descontento, que cambió radicalmente de cara y se dispuso a golpear el suelo violentamente... mientras chillaba con los ojos inyectados en sangre.
-¡¡¡¡¡NI SE TE OCURRA PENSAR EN RETIRARTE CUANDO TODAVÍA NO ME HAS DADO NI LA OPORTUNIDAD DE PROBARTE, DAREN!!!!!
Di un buen salto hacia atrás, intentando evitar aquel posible golpe que fuera a dar. Sin embargo, para mi sorpresa, Gäel se detuvo a un par de centímetros del suelo. Luego caí en la cuenta... ¡me acababa de llamar por mi nombre real! No sólo recordaba mi nombre, ¡sino que en todo momento se había hecho el loco y me había seguido la corriente con el asunto de mi amnesia!
Aunque la cuestión ya no era esa... Me preguntaba que fue lo que hizo que Gäel detuviera un ataque como aquel, sin ton ni son. En aquel momento dudaba, y con toda certeza, que se tratara de que se hubiera percatado de lo que había hecho al llamarme por mi nombre real. No... no fue eso... Sin duda.
De repente, fue levantando la cabeza ligeramente, aún conservando su postura. Miró hacia todos los lados, con los ojos desorbitados... como si estuviera buscando algo, o, más bien, sintiendo algo.
-¿Qué... Qué pasa? - Pregunté.
Gäel me miró y me respondió con una tenue voz.
-¿No lo oyes... ? ¿N-No... No lo sientes... ?
Al instante, comencé a sentir un ligero temblor bajo nuestros pies, que poco a poco fue acrecentándose de una manera rápida y brutal.
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