26 feb 2012

Capítulo 25: -Recuerdos de un tiempo pasado-

Una vez llegaron ambos a sus sitios correspondientes en las gradas, los árbitros llamaron la atención de todo el mundo allí presente.

-¡Damas y caballeros! ¡Pedimos un poco de paciencia! ¡A continuación, se llevarán a cabo otros preparativos para la gran final de este torneo! ¡Rogamos por su comprensión!

Tras ésto, todos los asistentes... mejor dicho, lo que quedaba de éstos... se levantaron de sus asientos y fueron lentamente abandonando el graderío para ir a recrearse un poco o, simplemente, tomar un pequeño descanso tras los intensos combates que habían visto hasta el momento.
Nosotros también nos dispusimos a hacer lo mismo. Sin embargo, los árbitros no tenían intención que Gäel se tomara ningún descanso.

-¡El participante, Gäel J. Reimon, que se digne a ayudar en la fase de reconstrucción del área de combate, por favor!

-Pero, ¿¡qué coño ayudar a... !?

Al mismo tiempo que Gäel se calló repentinamente, tras intentar protestar, lo vimos claro... parecía como si no nos hubiéramos fijado apenas en el combate anterior. Los desperfectos se asemejaban mucho más a los destrozos de una demolición de edificios o algo parecido. Mirándolo bien (una mitad del área desaparecida, la otra mitad prácticamente destrozada, resquebrajada... ), no podía decirse que era motivo de quejas para aquel que lo había provocado.

-Pfff... ¡¡Hahahahahahahaahahahaha!! ¡¡Si es que soy buenísimo!! - Gäel rió con aquella risa incontrolable con la que a veces se reía - ¡Está bien, está bien! ¡Ahora voy!

Se giró, le dio un beso a Nessa, saltó la valla que circundaba la zona de gradas y caminó hacia el área con algo de parsimonia.
Ya que a Gäel le iba a durar un buen rato el arreglar aquello, decidimos quedarnos allí mismo.
En aquel momento me fijé en el beso que le había dado y recordé que hacía bastante que no veía cómo aquellos dos se mostraban alguna muestra de afecto.
Por dentro no habían cambiado demasiado, pero por fuera... parecía que hiciera siglos que no los veía. Aún recuerdo cómo se conocieron. No se podía decir que fuera todo gracias a mi, pero si que podría decirse que fui una especie de “intermediario” en su flechazo. Gäel y yo nos conocíamos desde bien pequeños, y también conocía desde hacía algún tiempo a Nessa, aunque a ella era un poco de pasada. Sin embargo, un día coincidió que los pude presentar.
Los días siguientes estuvieron bastante juntos, conociéndose el uno al otro y yéndose por ahí los dos solos... lo cual se me hizo extraño en un principio. Hasta que llegó el día, al poco más de una semana, que me dijeron que estaban saliendo juntos.
Nessa... que pequeña que era. Con su melena algo corta, sus gafitas, su cara de niña... lo que no quitaba que fuera un barril de pólvora. Ahora, la miraba y comenzaba a compararla... con su pelo algo más largo y salvaje, sin gafas, con una camiseta algo rara y unos vaqueros rotos bastante cortos, que se veían más o menos nuevos, a pesar de su destrozada apariencia... y, lo que más me gustaba, siendo todavía aquel mismo barril de pólvora. ¡Y no era broma! ¡Ahora, al menos, alcanzaba a darnos una buena colleja o un buen guantazo!
Después de haberme ensimismado un rato pensando en el pasado, recordé que Karl había mencionado que se presentaba al torneo por dinero... sin embargo el premio era una piedra elemental. ¿De que le serviría una piedra si lo que quería era dinero? Así que le pregunté.

-¡Ah! ¿Es que no lo sabías? Las piedras elementales alcanzan un buen precio en el mercado, y, nada más vendiendo una, ¡puedes estar viviendo de rentas por lo menos ocho o diez años!

-¡Mira que eres... ! ¡Arriesgarte tanto tan sólo por dinero! ¡Eres peor de lo que pensaba!

Mientras volvían a discutir sobre temas sin demasiada importancia, al menos para mi, y Karl volvía a sacar beneficio de ello para reírse de Nessa, volví a ensimismarme en mi mundo, y pensé en lo poco que había cambiado Karl desde que lo vi de lejos por primera vez en Dracoon... apenas, diría yo. Era el único de toda su compañía con el suficiente valor como para ir vestido como le diera la gana. Aún recuerdo la vez que lo vi reírse de sus superiores cuando le recriminaban aquella conducta con la que hacía gala siempre, desobedeciendo las normas de vestimenta obligatoria de la compañía. Siempre había ido vestido con aquella chaqueta de un color rojo sangre, más parecida a una gabardina, sus pantalones negros y largos, sus botas desgastadas por el tiempo y su bandana atada en la frente como si fuera una cinta, dejando ver su pelo corto y apenas algo encrespado. Sin duda, era alguien que, al igual que yo, había salido de Dracoon y le había importado más bien poco cambiar de vestuario.
Dracoon... en aquel momento también me acordé de mi caso, y no sabía si cambiar algo de mi vestuario o seguir como hasta entonces... con mis pantalones negros, típicos de la compañía Dracoon, cuyas perneras habían sido destrozadas a lo largo de esos 3 años... mi camiseta blanca con el emblema de un dragón, la cual fue, junto con mi anillo, un regalo de uno de los pocos compañeros y amigos que tuve allí... y aquellas pesadísimas botas, también “por cortesía” de la compañía. No me había pasado nada en aquellos 3 años, hasta que me vi enfrentado a un buscador de renegados de Dracoon... si, Fuu Swiftwind... No me creía aún lo que había pasado con aquel sujeto. Como me vi sobrepasado por demasiados pensamientos, me vi obligado a desconectar, al menos por el momento, y a pasar del tema.
En aquel justo instante volvía Gäel, que, de alguna manera, había conseguido apañar todo el desastre que habían provocado entre Karl y él.

-¡A ver cuando te cortas el pelo!

Tras esta frase, me revolvió el pelo y se rió. Intenté volver a dejármelo de nuevo tal y como estaba... Mi pelo, apenas algo crecido, todo echado hacia delante, salvo la zona que iba del remolino hasta la nuca, la cual me la había dejado bastante crecida y dejaba ver un matojo de pelos algo largos, que me llegaba casi por los hombros. No sé si aquello quiso hacerlo adrede o es que no se dio cuenta, pero lo que hizo me lo solía hacer mucho cuando éramos pequeños. Nunca me había gustado demasiado cortarme el pelo, y Gäel siempre me decía que mi pelo, tal y como yo lo peinaba, era “feo” y que no le gustaba a nadie.
Él tampoco había cambiado mucho. No es que se pudiera decir que, incluso, tuviera la misma ropa que hacía unos años... no, pero no parecía querer cambiar de estilo... camiseta sin mangas, de un color negro apagado... sus pantalones vaqueros largos, con algún que otro descosido... sus viejos deportivos, los cuales creo que era lo único que conservaba desde que lo conocía... incluyendo aquella maraña de cabello corto, ligeramente ondulado... Todo en él no parecía haber sufrido un cambio abismal, sino que únicamente lo consideré como apenas unos pequeños retoques de su estilo anterior.
Supongo que lo más nuevo en todos ellos era la sorpresa de, no sólo utilizar el poder de una piedra elemental, sino que pudieran luchar a un nivel tal que hasta el más poderoso enemigo, seguramente, se achantaría ante ellos.
Cambiando de tema, ahora que Gäel había vuelto con nosotros, no pude evitar girar la cabeza hacia la zona de combate para ver qué es lo que había hecho y cómo se había quedado. Para mi sorpresa, ¡todo estaba prácticamente como cuando el torneo empezó! Era increíble... siempre me he preguntado cómo pudo hacerlo de aquella manera tan rápida, ya que, cuando le pedí explicaciones y él empezó a contármelo, los árbitros comenzaron de nuevo a llamar la atención de todo el personal del estadio y también del público... y, cuando le dije que siguiera explicando, me dijo: “Te quedas con las ganas. Nos toca.”... Conforme dijo aquello, se levantó, esperando a que nos llamaran para ir al centro del área.

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