Todos nos levantamos del suelo y nos dirigimos hacia el área de combate. Nessa fue hacia las gradas. Mientras se despedía, nos deseó buena suerte con cara de pocos amigos y Karl le gastó una broma.
-Vaya una forma de desearnos suerte, ¿no? Un poco más y la cara que estás poniendo sirve para trabajar en la casa del terror de una feria.
-¡Chúpame un pie!
-¡Hahahaha! ¡Si es que te tienes ganado que te llame sosa!
-¡¡Que me chupes un pie!!
Los árbitros llamaron nuestra atención para que nos diéramos prisa. El tal Fuu Swiftwind ya estaba allí... y, ¿cómo no?, ni nos habíamos percatado de que había llegado.
Al llegar, se nos entregó una nueva hoja con los resultados del sorteo. En realidad, cualquiera de los tres participantes que quedaban en el torneo tenían habilidades más que suficientes para temerles... tanto incluso como para abandonar. Sin embargo, no me podía echar para atrás. Sabía que tenía que hacer tiempo y ver si mi premonición se cumplía.
Miré con quien me había tocado esta vez y tampoco me sorprendió demasiado, ya que algo me decía que tarde o temprano me tocaría enfrentarme a él. Me había tocado luchar en el primer combate con Swiftwind. Al mirarle a la cara, vi que me me estaba mirando también. Fruncí un poco la ceja, con una cara de sorpresa algo tenue. Al hacerlo, Swiftwind dejó de mirarme y se quedó mirando de nuevo al árbitro.
Cuando todos terminamos, el árbitro llamó la atención de los que estábamos allí.
-Bien, los que vais a luchar, quedaos. Vosotros dos, volved a las gradas y esperad a que terminen.
Una vez que Gäel y Karl llegaron de nuevo al graderío, nos pusimos mirando hacia el público de nuevo y el árbitro presentó nuestro combate.
-¡Damas y caballeros, gracias por haber esperado! ¡Las semifinales dan comienzo! ¡El primer combate será entre Fuu Swiftwind y Maeglin! ¡Podéis comenzar!
El público comenzó a aplaudir mientras el árbitro se alejaba de la zona. Una vez en su sitio, dio la orden de que comenzáramos.
Mi oponente se giró hacia mi y se me quedó mirando. Yo hice igual, esperando a que hiciera el primer movimiento. Sin embargo, se puso a hablar y dijo algo que no estaba para previsto dentro de mi cabeza.
-Tú... eres el fugitivo Maeglin, alias “Fibber, el Monstruo”.
Me quedé a cuadros. Creía que nadie me reconocería yendo al lado de varias personas... pero fui demasiado ingenuo.
La gente en las gradas comenzó a murmurar acerca del tema. Comenzaba a ponerme nervioso, no quería darle demasiada importancia, pero verlos allí hablando por lo bajo sobre mi... no me gustó en absoluto.
El tal Swiftwind prosiguió.
-Eres aquel que está buscado en casi todo el mundo por Dracoon con una orden de búsqueda y captura, a causa de un crimen de rango X: “Asesinato y hurto en una instalación del imperio”. Todo el mundo sabe que eres el que destruyó e incendió las instalaciones de investigación experimental del pabellón 7, mató a todo el personal que allí había y robó una de las mayores posesiones en cuanto a investigación se refiere... “La Piedra Negra”.
Aquello se estaba poniendo demasiado feo. Pensé: “¡Mierda! ¡No he llegado tan lejos para nada, y mucho menos después de haber huido tanto tiempo!”.
-No te preocupes. Sé lo que estás pensando, pero el zumbido de esas moscas molestas se puede espantar con un buen matamoscas... Quiero hacer contigo un trato.
Aquel hombre de ojos semicerrados y estatura media comenzó a hablar más bajo, como si no quisiera que nadie de los allí presentes escuchara lo que me estaba contando en aquel momento.
-¿Un trato... ? Al grano... ¿Qué quieres?
-Yo no tengo ni tendré acceso a los registros oficiales de Dracoon y ver con mis propios ojos si de verdad las pruebas se atañen a lo que todos sabemos ya o si la realidad es muy diferente a lo que nos obligan a creer los medios... Sin embargo, yo estoy dispuesto a darle una oportunidad al karma.
Pensé: “¿¡Karma!? ¿¡Hoy es el día de los bichos raros o qué!?”
-Yo, aquí y ahora, quiero que me demuestres todo tu potencial... ver que no eres, en verdad, el “monstruo” que arrasó con medio personal de investigación de la compañía Dracoon. Si lo haces, me encargaré personalmente de no sólo negar en mi informe que has sido visto en Grydor, sino que también le diré a todo el mundo que está hoy aquí que he sufrido una pequeña confusión debido a tu nombre y a tu apariencia relativamente parecida a la del tal Maeglin.
-¿Y si no lo hago... ? ¿Y si no soy capaz de derrotarte ni de demostrarte que, supuestamente, no soy aquel que tanto buscáis?
Mi contrincante cerró los ojos durante un par de segundos, respiró hondo... y respondió alto y claro a mi respuesta... tanto que el público también lo escuchó.
-... Si no lo consigues, te arrestaré, te llevaré a Dracoon y haré que te ejecuten públicamente de manera inmediata, por los crímenes que cometiste aquel día... en nombre de la justicia.
Es decir, tenía que combatir si o si, por mucho que me desagradara la idea. Sin embargo, aún quedaba algo que me tenía en vilo.
-Dime una última cosa. Si de verdad trabajas para el imperio... ¿por qué darme la oportunidad de escapar si tienes la elección de arrestarme de forma directa y llevarme preso hasta allí?
Swiftwind volvió a cerrar los ojos, se quedó callado unos segundos y contestó sin abrir los ojos.
-“Karma”... Ya te lo he dicho... - Abrió de nuevo los ojos - Algo tan subjetivo como lo es “la justicia” no puede ser vista de la misma forma por todo el mundo. Yo creo en la justicia verdadera... sin embargo, aplico “mi” propia justicia.
-No lo entiendo demasiado...
-Arrestarte ahora sería una decisión demasiado sencilla y carente de sentido. Sin embargo, te estoy dando la oportunidad... no... le estoy dando la oportunidad al universo de que provea de manera adecuada. Si ganas, el universo me está demostrando que no está escrito que tú mueras ejecutado por algo que no has hecho... Sin embargo, si pierdes, el universo habrá proveído con mi llegada para que no fueras más lejos. ¿Lo entiendes?
-Sinceramente... no. Todo eso del universo y del karma... lo siento, pero no creo en nada de eso.
-Interesante. Entonces... ¿en qué crees?
-Humph... Creo que responderé con otra pregunta. Si la vida me ha demostrado que nada merece la pena, entonces... ¿para qué creer en nada?
No hay comentarios:
Publicar un comentario