19 feb 2012

Capítulo 24: -Semifinales; Suerte-

-Bla, bla, bla,... y una vez más, eso es todo lo que tienes. Contra aquella mole puede que te sirviera, ya que los Colosos no tienen más de dos dedos de frente... pero, ¿qué te hace pensar que a mi me vas a vencer tan fácilmente? ¿Cómo es posible que confíes tanto en tu suerte?

Karl no se achantaba por nada.

-Ha... ha, ha,... hahahaha... Evidentemente, amorfo... porque la suerte... es la mayor de mis habilidades...

-¡He! ¿Suerte? ¿¡Pero que me estás contando!? ¿¡Desde cuando la suerte sirve en un combate!?

-Deberías saber... que todo en este mundo se basa en buena o mala suerte. No hay ninguna razón de más, las cosas no pasan por un por qué en especial... Todo es casualidad, ni más ni menos.

-¡Boh! ¡Tonterías!

-¡Ah! Con que “tonterías”, ¿eh? Bien... ¡Pues, mira! ¡Se me ocurre una cosa! Comentaselo a las nubes cuando estés otra vez ahí arriba, ¿vale?

-¿Las... nubes... ? ¡Oh, oh,... ! ¡No creo... !

Karl miró de nuevo sorprendido hacia el suelo, con los ojos desorbitados, mientras éste empezaba a temblar bajo sus pies.

-Hijo de p... - Antes de que pudiera acabar de hablar, una gigantesca explosión de energía salió a presión del suelo, justo donde estaba Karl, lanzándole de nuevo por los aires.

-¿¡Cómo diablos ha hecho eso!? - Yo no salía de mi asombro.

-Es fácil... Gäel se ha acostumbrado a controlar la energía sísmica que fluye constantemente bajo la tierra. Al chocar contra el suelo, no estaba intentando atacar a Karl. Sólo quería conducir un poco de su energía a la tierra para hacer que todos los movimientos terrestres de esta zona se reunieran en uno sólo y explotaran en una nueva onda de energía. Sinceramente... Karl debería haberlo visto venir...

Era asombroso... Gäel había adquirido en muy pocos años mucha habilidad y destreza luchando... mucha más de la que nunca podría imaginarme. Pero la cosa no se quedaba ahí. Karl no había dicho su última palabra y seguía dispuesto a lo que fuera. Consiguió no perder por completo el equilibrio mientras estaba en el aire, y se propuso realizar de nuevo una ráfaga de su metralla hacia Gäel. Éste ya había perdido bastante sangre debido a las heridas que tenía en varios puntos de su cuerpo, parecía casi mareado y empezaba a perder algo de color. Pero aún mostraba un espíritu de lucha indestructible... tanto, que su siguiente objetivo fue plantar sus manos en mitad del área de combate, y comenzó a levantar poco a poco, con todas sus fuerzas, la mitad de ésta.

-Pero... ¡Pero... ! ¿¡¡Qué cojones!!?

A Karl se le desencajaba la boca de la sorpresa. Pero eso no le detuvo y empezó a disparar una veloz ráfaga de disparos contra aquel pedrusco de tierra y losetas, que Gäel estaba utilizando de escudo para protegerse de los disparos. Karl dejó de disparar, se quitó aquella chaqueta suya que era casi como una gabardina, la tiró fuera de su alcance e intentó una nueva táctica.

-No me dejas otra opción... Tendré que fundirte con tu estúpido escudo...

Karl cambió de nuevo la forma de su arma, pero mientras lo hacía Gäel lanzó por los aires aquel trozo de estadio y se puso en posición de combate.

-¡Cómete esto! ¡¡METEO-PROYECTILES!!

Karl ya había conseguido terminar de acoplar los últimos ensamblajes de sus pistolas y la había convertido en una especie de pistola-fusil... era algo raro, se parecía mucho a la escopeta de dos cañones que había hecho anteriormente en la lucha contra su último adversario, aunque más dinámica. Al segundo, comenzó a recargar una gran cantidad de energía en el arma, haciendo que ésta brillara de un color rojo ardiente.
Gäel, cuando terminó de caer el gran trozo de tierra que había lanzado por los aires, también empezó a realizar su ataque. Comenzó a golpear, a una velocidad casi inalcanzable para nuestros ojos, el bloque sacado de la mitad del área de combate. Los trozos de tierra salieron disparados hacia Karl como potentes y enormes proyectiles... o “meteoritos”. Karl, en contestación a su ataque, disparó su nuevo arma, ya cargada de energía. Los ataques de energía acabaron cruzándose entre si. La gran masa de energía que había proyectado Karl, a modo de rayo, sin duda, era muy potente, a la vez que increíblemente desmesurada. Pero no lo era lo suficientemente como para abarcar todos los fragmentos de tierra que volaban hacia él, lo que hizo que varios de ellos comenzaran a golpearle brutalmente. Karl calló una vez más al suelo, pero no fue en vano, ya que el disparo que había hecho le dio de lleno a Gäel, el cual también quedó por los suelos. Ambos habían luchado ferozmente, casi hasta dejarse el cuerpo, la sangre, las entrañas y el alma en el combate. Y, por mucho que así fuera, se levantaron de nuevo, jadeantes y exhaustos, dispuestos a seguir con aquella compensada lucha de titanes.
Cuando se dispusieron a pelear nuevamente, el árbitro dio la orden de que acabar ael combate con su silbato.

-¡El combate ha terminado! ¡El combatiente Karl Sagart queda eliminado del torneo!

-¿¡¡Y a qué cojones viene eso!!? ¿¡¡Todavía sigo en pie y... y... y ni si quiera me he rendido!!? - No sabíamos cómo podía sacar tanta fuerza como para poder gritar de aquella manera

-¡Quedas descalificado por estar fuera del área de combate!

Karl giró lentamente la cabeza hacia el suelo. Nessa y yo también nos levantamos a mirar si era cierto lo que decía. Y... si, era cierto. No estaba demasiado claro, ya que Karl había caído en la parte donde antes estaba el trozo de pavimento que Gäel había arrancado del suelo. Sin embargo, se podía ver claramente las marcas de lo que antes era el área de combate... y Karl, lamentablemente, estaba fuera de éste.

-¿C-Cómo... ? ¿Cómo... ? ¿¡¡CÓMO HE TENIDO TAN MALA SUERTEEEEEE!!?

-He... hehe... haahahahaha... ¡Hahahahahaha! ¿¡Qué decías, amorfo, de la suerte!? ¿¡Tonterías!? ¡Haaaahahahahaha!

Todos nos sorprendimos de cómo acabó aquel extraordinario combate. Era el último final que hubiéramos podido imaginar para él. Pero así estaban las cosas. Gäel había ganado limpiamente, y el árbitro quiso terminar de hacerlo oficial.

-¡El ganador de este combate es Gäel J. Reimon!

Comenzamos a aplaudir, aún un poco descompuestos. Gäel, como de costumbre, comenzó a presumir, con todo el derecho del mundo, de su victoria.

-¡Hahahahaha! ¡La suerte nunca me falla! ¡Soy el mejor! ¡Haahahahaha!

-Es increíble la moña que tienes, gordo asqueroso... ¡Ni tú mismo te crees la moña que has tenido!

-¡Déjalo! ¡Nunca comprenderás la magnitud de lo bueno que soy!

Después de ésto, ambos se cogieron del hombro y volvieron triunfantes a las gradas, mientras el público todavía aplaudía a los dos orgullosos combatientes. Después de todo... ninguno de los dos había perdido realmente aquel combate.

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