Parecía mentira... pero era así. Daren había ganado. Swiftwind cerró los ojos y dijo algo parecido a un: “Si vas a matarme, hazlo ya... ”.
El combate había acabado... y, lo más inexplicable, había acabado favorablemente para Daren, cuando casi todo estaba en su contra.
Aquellos dos aún seguían en el suelo, uno sobre otro. Como a Daren no le debía de quedar energía ni para rematar la jugada, era obvio que tan sólo quedaba esperar que Fuu o Daren tiraran la toalla para retirarse del torneo.
Seguían hablando demasiado bajo, pero, gracias al abrumador silencio que había en todo el recinto, se pudo escuchar a duras penas la conversación que aún tenían.
“Si vas a matarme, hazlo ya... ”. Aquello fue lo que me dijo en acabar el combate.
-¿Has dicho... matarte? ¿Por... Por qué?
-Eso es lo que merecen los perdedores, ¿no? He perdido en toda regla, y sólo me queda esperar a que cruces tus espadas y me degolles... Al parecer... ese es mi destino.
Fuí apartando las espadas lentamente y me levanté con las fuerzas que me permitían las piernas.
-¿“Tu destino... ”, dices? - Callé durante un par de segundos - ¿Por qué motivo sigues con esa tontería del destino? Hemos luchado... bajo nuestras decisiones, ¿qué más da el resto?
Swiftwind abrió los ojos como platos mientras continué con lo mío.
-Estás pidiéndome que te mate, pero no me has dado ningún motivo... aún. ¿Y me sigues diciendo que el que vivas o mueras... o el que me arrestes o me dejes en libertad... no tiene que ver con nuestras propias decisiones? - Entonces, Daren se giró sobre sus pasos y se dirigió hacia nosotros - Haz lo que quieras con tu miserable vida dedicada al cosmos... que yo haré lo mismo con la mía dedicada a mi objetivo.
Entonces, Swiftwind farfulló algo apenas silenciosamente mientras el árbitro se acercaba hasta el centro del área. Comprobó cómo se encontraba y decidió el resultado del combate.
-Fuu Swiftwind no puede continuar el combate. ¡El ganador de esta ronda es Maeglin!
Tras ésto, nadie se dignó a dar ni un mísero aplauso. Todo el mundo me miraba como “Maeglin... Fibber, el Monstruo”... pero qué le iba a hacer. Supongo que, en ese aspecto, Swiftwind tenía algo de razón... “No se puede escapar completamente de nuestro destino”.
Mientras la gente se apartaba de mi camino hacia las gradas, el árbitro y los servicios sanitarios ayudaron a Swiftwind a que se levantara... y, justo cuando éste estaba por fin en pie, se dirigió en voz alta al público.
-¡¡Señoras y señores!! ¡¡Lamento la confusión, pero he de enmendar un error muy grave que he cometido al principio de este combate!! - Giré un poco la cabeza y parte de mi cuerpo para mirar con asombro lo que iba a hacer mi ex-oponente - ¡¡Mi contrincante, Maeglin, si es que ese es su nombre, no es en verdad el verdadero Fibber, el Monstruo, que Dracoon va persiguiendo!! ¡¡Lamento las molestias que pueda haberles causado!!
Después de lo que dijo, Swiftwind comenzó a dar un par de palmadas en reconocimiento de mi victoria, las cuales fueron seguidas de las de varias personas y, finalmente, de las de todos los asistentes a aquel evento.
Fue en aquel instante cuando conseguí darme cuenta vagamente de la frase que dijo, en voz baja, mientras me alejaba de él: “No he sido derrotado por él... sino por su forma de pensar”.
Me quedé mirando al suelo un par de segundos... quizás por la vergüenza que me daba que todos estuvieran aplaudiéndome de nuevo, quizás meditando lo que acababa de ocurrir... no quiero recordarlo. Lo que si que recuerdo es que intenté hacer como si aquello no me afectara lo más mínimo... obviamente, sin demasiado éxito, ya que mi cara siempre ha sido un libro abierto.
En mi retorno a mi lugar en las gradas, la gente dejó de aplaudir y los árbitros comenzaron los preparativos para el siguiente combate.
-¡Siguiente combate! ¡Por favor, que los participantes, Karl Sagart y Gäel J. Reimon, se acerquen al área de combate!
Justo en ese instante, llegaba yo a mi sitio y Gäel volvía a saltar de un brinco la valla de las gradas. Sin embargo, Karl no parecía mostrar el mismo ímpetu que él.
-¡Dios! ¡No dejan ni si quiera que me recupere! ¡Así os abonen la cara!
-Buena suerte, Karl. Creo que después del último combate que tuviste la vas a necesitar.
-Si, ya... yo también creo que necesito unas vacaciones, y aquí me ves perdiendo el tiempo. Pero gracias, Maeglin...
Tras su última palabra, siguió a Gäel y saltó también la valla.
Una vez los dos en el centro, el árbitro volvió a repetir las mismas palabras con las que empezaba cualquier combate.
-¡El segundo combate de las semifinales será entre Karl Sagart y Gäel J. Reimon! ¡Podéis comenzar!
Apenas dar la orden de comienzo, Gäel se puso los guantes de combate al unísono y Karl desenfundó las pistolas. El árbitro, sorprendido, corrió fuera del área, siendo casi atropellado por aquellos dos titanes en movimiento.
Sin dudarlo, Karl comenzó una ráfaga de disparos de energía hacía Gäel. Cosa que no le amedrentaba lo más mínimo, ya que éste estaba cubriéndose con sus brazos de los disparos mientras corría, utilizando, al igual que la última vez, su energía para recubrir su piel de una mayor resistencia y así no ser dañado. Gäel se había acercado lo suficiente como para empezar una ofensiva directa contra Karl. Lanzaba sin parar sus puños contra su compañero. Sin embargo, Karl tampoco lo hacía tan malamente para haber tenido un combate mucho más reñido, ya que esquivaba sus golpes con gran habilidad. En uno de estos golpes que esquivó, consiguió alejarse bastante de Gäel. Pero éste, en vez de seguir golpeándole, dio un golpe al suelo, sin hacer nada en absoluto aparte del golpe en si.
-¡Hahaha! ¿Ya está? ¿Eso es todo, gordo? ¡Me estás decepcionando! ¡Creía que ibas a dar mucho más de ti!
Gäel sonrió.
-Lo siento, pero no cantes victoria todavía... ya que “vas a volar”.
-¿¡Qué!? ¡N-No... No puede ser!
-¡Saluda a los pájaros de mi parte, amorfo!
Una explosión sísmica sacudió a Karl, llevándole por los aires. Karl, por mucho que sufrió un impacto directo bajo sus pies, no se rindió y se incorporó como pudo en el aire para seguir disparando sin tregua a Gäel. Sin embargo, éste seguía protegiéndose de los golpes de energía que disparaba Karl con su armadura de energía.
-Parece mentira que todavía no me conozcas, amorfo. Tus ataques no sirven de nada contra mi, ¡deberías saberlo ya! - Gäel volvió a correr hacia Karl, mientras este caía, preparándose para darle un nuevo golpe - ¡Esto se acabó! ¡¡CHOQUE DE PLACAS!!
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