-¿Lo que alberga... nuestro interior... ? - Gäel no estaba tan perplejo como yo, aunque tampoco comprendía demasiado de lo que nos estaba contando aquel muchacho.
-Más por mucho que ahora no lo queráis entender, todos salvo la dama poseéis algo en el interior del alma que aterraría al mismísimo Belcebú.
Yo ya no quería seguir escuchando lo que nos estaba diciendo, así me limité a decirle que se fuera.
-Mira, chaval. No sé de qué nos estás hablando. Ahora estamos bastante ocupados cuidando de Karl, y será mejor que te largues. No tenemos tiempo para seguir escuchando tonterías.
-¿Tonterías? Alcanzo a entender que no os plazcan mis palabras. Aún de este modo, no creo que debierais seguir negando vuestra oculta y oscura naturaleza.
Nessa nos miraba a todos y no parecía comprender nada, como era natural.
-Gäel... ¿de qué está hablando? ¿Qué está diciendo?
-Mi humilde señorita, a este servidor también le gustaría desentrañar tan inconcebible asunto... sin embargo, aún para mi aventajada mente, me encuentro ante la mayor de las encrucijadas.
Sabía desde un principio que, si tan listo era, ya sabría desde un buen principio qué es lo que estaba buscando en nosotros. Comencé a perder la paciencia, ya que, además de saber que lo que buscaba era algo que no podía revelarse de ninguna manera, todo aquel tema estaba empezando a asquearme.
-Ya te lo hemos dicho... ¡No sabemos de qué cojones hablas! ¡Lárgate! ¡No tenemos tiempo que perder contigo! ¡Karl está... ! - Aquel chico me interrumpió.
-Os referís al joven inconsciente, ¿cierto? Dejaos vuestra desazón a un lado. Yo os podría decir, y os lo aseguro en gran manera, que el joven tirador no está a más de 5 minutos de recobrar la compostura.
Gäel se levantó de repente.
-¿¡Cómo lo sabes!?
-Digamos... que, aunque no posea visión, he visto mucho acerca de este mundo. Es curioso como puede divagar tan irónicamente el destino en el mundo... - Aquel muchacho levantó la cabeza y se quedó como mirando hacia la infinidad del cielo - “un invidente que puede observar más allá de las pupilas de un vidente”... peculiar, ¿no?
Yo seguí en mis trece de que se fuera y nos dejará en paz.
-Ya nos has dicho que Karl se pondrá bien dentro de poco. Me da igual si es verdad o no... ahora, ¡lárgate!
-Veo que no obtendré apenas datos de suma relevancia hablando con vos. Sin embargo, no os durmáis. Seguiré vuestro pasos de cerca... por mucho que lo ignoréis, acabaré por conocer qué es lo que alberga vuestra recóndita superficie. Hasta más ver.
Nos giramos hacia Karl cuando aquel extraño chico se despidió, pero al no oír pasos que se alejaban, me giré de nuevo para recriminarle por qué seguía allí.
-¿¡No decías que te ibas!?
Para mi sorpresa, no estaba. Se había esfumado de allí sin dejar rastro y sin hacer ningún ruido. Aquello era increíble. Que no hubiera hecho ningún ruido al marcharse aún podía ser comprensible... pero el desaparecer sin más... No lo entendía. Estaba más que anonadado. Miré a Gäel y a Nessa, y ellos estaban tan estupefactos como lo estaba yo. Los tres habíamos presenciado cómo aquel individuo se había evaporado en el aire.
Mientras todavía nos recuperábamos de la sorpresa y el asombro, Karl comenzó a despertarse. Nessa, que era la más próxima a él, fue la primera en darse cuenta.
-¡Karl!
Al oírla, nos giramos rápidamente. Gäel fue el primer en echarle la bronca.
-¡Amorfo! ¿¡Cómo se te ocurre llegar hasta ese extremo!?
-Ya... Ya te lo he dicho... - Karl parecía todavía algo débil. Tosió un poco y continuó hablando - Hay... que hacer lo que haga falta con tal de... no perder...
-¡Pero sabes que no podemos dejarnos llevar! ¡Puto amorfo! - Gäel le dio un golpe en la cabeza con el puño y Nessa le riñó por ello.
-¡Ah! ¿¡Qué coño... haces!? ¡Puto gordo! - Karl se fue incorporando poco a poco y le devolvió el golpe. Gäel se enfadó por ello y volvió a pegarle, y de igual manera Karl se la devolvió de nuevo.
-¡Eres un amorfo de mierda!
-¡Y tú un gordo seboso!
-¡Maldito amorfo!
-¡Maldito gordo!
-¡¡Amorfo!!
-¡¡Gordo!!
-¡¡¡AMORFO!!!
-¡¡¡GORDO!!!
Y así estuvieron hasta que Nessa intervino golpeándoles a los dos.
-¡Ya está bien! ¿¡no!?
-¿¡Pero qué haces!?
-¿¡Tú qué quieres, matarme más todavía!?
Mientras ellos seguían discutiendo, yo me eché una mano a la cabeza. Aquello era algo patético... sin embargo, hizo que recordara los tiempos de cuando éramos pequeños, en los que estábamos juntos Gäel, Nessa, yo y unos cuantos más. No habían cambiado casi nada... Seguían siendo igual. Si cerraba los ojos, por un momento podía volver a verlos... tan pequeños... tan críos... pero, en cierta manera, tan entrañables.
En aquel momento en el que estaba todavía disfrutando de mi nostalgia, me miraron al unísono y me hicieron una cuestión que hizo que me acordara todavía más de aquellos tiempos.
-¡¡Maeglin!! ¿¡¡Quién tiene razón!!?
-¡Eh! ¡Eh! ¡A mi no me metáis en vuestros asuntos!
Tuve la suerte de que, en aquel mismo instante, sonó de nuevo la megafonía haciendo el anuncio de que pronto comenzarían las semifinales.
-¡Damas y caballeros! ¡Lamentamos haberles hecho esperar! ¡Ya hemos terminado con todos los preparativos de la siguiente fase del torneo! ¡Pueden dar comienzo las semifinales!
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