De vuelta a las gradas, Gäel se tambaleó en los primeros pasos pero logró recomponer la pose recta y altanera que le caracterizaba siempre.
El público estuvo aplaudiendo a rabiar durante un buen rato, al mismo tiempo que se oían frases como “¡Es increíble! ¡Ese muchacho es sencillamente increíble!” o “¡Vaya un terremoto de chaval! ¡No había visto nunca nada igual!”... pero la frase que más me impactó fue la de “¡Es increíble cómo ha tumbado a ese coloso!”... ¡¡Un coloso!! Ya decía yo que pasaba algo raro con aquel sujeto. Aunque todavía no me lo creía del todo, se lo comenté a Karl... y su respuesta me dejó completamente sorprendido.
-¡Cómo! ¿¡Que no sabías que esa mole era un coloso!? ¿¡En qué mundo vives!?
-¡Joder, vale! ¡Ni que hubiera cometido un delito! Lo que pasa es que no creía en esa clase de cuentos...
Fue Nessa la que se encargó de recriminarme esta vez.
-¿Qué cuentos ni qué... ? ¡Los colosos son una raza de humanos que existe de verdad!
-Una raza... ¿¡de humanos!?
-Bueno... Supongo que podríamos llamarlos una rama diferente de la evolución humana... Son 2 veces más grandes que un humano corriente.
¡Dios! ¡2 veces más grandes que un humano corriente! ¡Ya os podéis imaginar a lo que se tuvo que enfrentar Gäel!
Justo, en aquel momento, llegaba el vencedor a nuestro lado y Nessa se levantó a por él más que preocupada.
-¿Estás bien? No te habrás roto nada, ¿verdad?
-Ha... hahaha. Si, si,... estoy bien. Tan solo... Tan solo déjame sentarme un rato.
Después de haberse sentado, Gäel hizo un gesto de dolor al tocarse el cuello e hizo como si no le pasara nada. En aquel momento recordé los duros ataques que recibió de Cox... y no pude evitarlo. Me estremecí nada más de pensar que me podían atacar de aquella manera tan violenta y sin ningún ápice de piedad.
Tras llevarse al coloso en una camilla a una unidad sanitaria, el árbitro regresó para anunciar a los próximos combatientes.
-Tercer combate de las preliminares. ¡Que vengan los participantes, Core King y Fuu Swiftwind, al área de combate!
Karl, al oír que todavía no era su turno, lanzó al aire un suspiro de alivio.
-¡Fiiiiiuuu... ! Menos mal que todavía no es mi turno...
-¿A qué viene eso ahora, amorfo? No me digas que te estás acojonando... - Por muy cansado que estuviera Gäel, siempre era el mismo.
-¡Hahahahaha! ¡No, que va! ¡No es eso! - Karl calló durante un par de segundos mientras se desperezaba, deslizándose poco a poco por aquel asiento de plástico duro. Cuando terminó, prosiguió - ...Es que no tengo ganas de moverme de aquí...
-¡Serás perro!
-Menos mal que la pereza no es contagiosa... ¡porque sino lo tendríamos crudo contigo! - Esta vez fue Nessa la que le críticó.
-¡A callar, inútiles! No merecéis ni que me esfuerce con vosotros...
Al mismo tiempo que seguían con su discusión, yo me desinteresé de ellos y me centré en el siguiente combate. Al mirar al área de combate, me quedé atónito. El tal Fuu Swiftwind ya estaba al lado del árbitro. Pero, ¿cómo? ¡Ni me había dado tiempo a verle mover un dedo! Y, lo que es más... ¡su oponente no había dado más que 6 o 7 pasos! Intenté preguntarles a mis compañeros, pero todavía seguían metidos en la discusión sobre la vagancia de Karl. Preferí mirar hacia el resto del público para ver su reacción, y... en efecto... todos ellos tenían la misma cara de estúpido que yo pude poner en un primer momento. A alguno se le escuchaba susurrar algo como “¿Qué es lo que ha hecho ese tío?”, mientras que otros decían “No le he visto moverse. ¿Qué está pasando aquí?”. No me cabía en la cabeza la idea de que alguien común se pudiera teletransportar, así que intenté olvidarme de aquello.
Una vez estando los dos oponentes en el área, el árbitro dio la orden de que comenzara el combate. Después de eso, nadie dijo nada salvo las tres cotorras que tenía a mi lado. Estaban todavía discutiendo por lo mismo, sin darse cuenta de que el combate iba a empezar.
El segundo de los hermanos King comenzó a reírse ante su oponente y empezó a hablar, mientras blandía una especie de espada basta.
-Haaa hahahahahaha... Mírate. Solo eres otro patético y miserable humano más. ¿¡Qué probabilidades tienes tú de ganar a un coloso!? - El tal Swiftwind no se inmutó para nada - Los colosos somos superiores físicamente a los hombres normales. Da igual cuánta energía tengas o el elemento al que seas afín... - Core se lanzó corriendo a gran velocidad a por su rival - ¡Los humanos no estáis a nuestra altura!
Aquel individuo, sin cambiar apenas de apariencia, le dedicó un par de palabras.
-No tengo tiempo para tratar contigo...
Tras esas palabras, solo se vio una pequeña nube de polvo en donde él estaba... pero su cuerpo en sí se había desvanecido. El segundo hermano King frenó en seco y giró la cabeza en todas direcciones.
Todos nos quedamos atónitos. Incluso mis tres compañeros dejaron la discusión para ver que había pasado.
-¿¡Dónde estás, insecto!?
El árbitro se dispuso, tras esperar 5 segundos, para pitar el final del combate debido a la desaparición de uno de los contendientes. Sin embargo, en el último instante, Swiftwind apareció a espaldas de su oponente, trayendo consigo el estruendo de un tremendo golpe que no habíamos podido ver. Su gigantesco rival no se movió ni por un segundo... hasta el momento en que dejó caer la espada y se desplomó de golpe al suelo, mientras derramaba un hilo de sangre de la boca. El combate se había terminado sin dejarnos tiempo a saber si quiera si había empezado. Hasta el árbitro no podía reaccionar.
Fui el primero en decir algo frente aquella situación.
-¿¡¡Cómo es posible!!? ¿¡¡Qué ha pasado... !!? ¿¡¡Qué coño ha pasado ahí abajo!!?
Una voz proveniente de detrás mía fue la siguiente en hablar en aquel silencioso lapsus de tiempo que transcurría mientras nadie se inmutaba de lo que había sucedido.
-Joven asistente... - Miré hacia él - Si tuvierais más capacitados vuestros sentidos físicos, nunca seriáis capaz de permitiros el formular esa cuestión con tan poco fundamento.
Allí, a una grada detrás de la mía, se situaba un chico, aproximadamente de nuestra edad, de cabellos rubios no muy largos y complexión medianamente fuerte. Tenía una máscara de hierro cubriéndole desde mitad de nariz hasta la raíz de los cabellos. No sabía por qué, pero me sonaba de haberlo visto antes en algún lugar... aunque en aquel momento importaba más bien poco.
-¿Qué... qué quieres decir?
-Hasta para alguien invidente, como mi persona, resulta harto sencillo descubrir que ese personaje de ahí abajo se deslizaba con una presteza tan ágil como si de la luz misma se tratara...
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