Era la primera vez que me sentía acompañado en bastante tiempo... aunque en realidad no hacía tanto, pero eso también es otra historia por contar... todo a su debido tiempo.
Por una vez, me sentí aliviado. Aunque fuera con “gente desconocida” con los que “no tenía ningún lazo”, estaría seguro por el momento... ya que supuse que nadie sospecharía que yo pudiera ser una especie de terrorista, sociópata o buscado por la justicia en general. Aunque la gente me mirara con ojos de: “¡Mira! ¡Es Fibber! ¡Es el monstruo!”, al instante tendrían que pensarse dos veces si de verdad lo era, pues iba acompañado de 3 personas, y acabarían por pensar que se habían confundido y que no era posible que nadie estuviera acompañando a plena luz del día a un fugitivo. Además... sinceramente, aquella foto que tenía por cartel era de hacía casi año y medio, y en todo ese tiempo había tenido la suerte de haber cambiado al menos lo suficiente.
Sin darme cuenta, me planteé todo aquello muy meticulosamente durante mucho rato, pero ahora que lo pienso fui un tanto idiota al recapacitar tanto sobre una estupidez como aquella...
Conforme entrábamos en el pueblo me venían a la mente millones de recuerdos y sentimientos nostálgicos, que fueron interrumpidos de nuevo por mi sentido de la farsa. Tenía que seguir dándoles a entender que era un desconocido.
-Creo que no me he enterado de vuestros nombres aún.
Karl y Nessa se miraron mutuamente y enseguida me miraron conformes con seguirme la corriente.
-Me llamo Nessa... Nessa Iemis.
-Karl Sagart, estuve en Dracoon... no se si lo conocerás.
Asentí simplemente como si más o menos entendiera de lo que hablaba. Tampoco era cuestión de darle pie con conversaciones del tipo “Yo también estuve en Dracoon, ¡que casualidad!”.
Si mal no recordaba, todos éramos de la misma edad, salvo Nessa que era 3 años menor.
Esperé a que Gäel me dijera también su nombre, por mucho que no lo pudiera olvidar: Gäel J. Reimon... El hijo menor de la familia Reimon.
-No creo necesario que nos presentemos. Tampoco vamos a estar tanto tiempo juntos...
Después de esto volvió a reír. Una vez callados todos, Nessa volvió a tomar la palabra.
-Por cierto, no nos has dicho para qué has venido.
-Tengo mis motivos...
Mis “acompañantes” se me quedaron mirando como si esperaran algo más de aquella respuesta. Si de verdad se acordaban de mí, también recordarían que no era muy dado a los discursos... salvo casos excepcionales.
Me paré un segundo, suspiré a media voz y acabé por hablar de nuevo.
-Bueno... más en concreto son dos motivos... y supongo que uno os lo puedo contar. Creo que mi hermano puede haber venido para participar a este torneo... o al menos acercarse a verlo, y hace mucho que no lo veo.
-¿Y el otro? Vamos, ¿por qué tanto secretismo? ¡Hahaha!
Sabía que Karl me hacía esa pregunta en plan amistoso, como si no le importara demasiado la respuesta. Si no le respondía no se iba a morir, lo conocía bastante... pero también sabía que el estar en Asuntos Internos de Dracoon le había marcado de una forma innegable, como si toda información fuera poca para él. Decidí no responder... por que, además de no verlo demasiado relevante, tampoco es que fuera muy oportuno.
-No viene mucho al caso. Además, sólo es una tontería.
-Aaaam... Pues vale.
Después de aquello seguimos andando. La conversación tomó varios rumbos y, sin darnos cuenta, habíamos llegado al centro del pueblo.
Aunque me beneficiara estar acompañado, me apetecía dar una vuelta yo solo para ver ciertas cosas que recordaba con pereza... así que les dije una excusa para volver a vernos más tarde.
-Una cosa... ¿por qué no reserváis una habitación en la posada que hay allí delante y luego nos vemos? El torneo no empieza hasta mañana y yo quiero ver un par de cosas...
Nessa y Karl me miraron y vieron en mis ojos mis intenciones. Así que enseguida accedieron asintiendo levemente. Sin embargo, Gäel utilizó aquello como una nueva gracia.
-Bien... Como es tu primera vez en el pueblo querrás hacer algo de turismo, ¿no? ¡Hahaha! En fin, ya nos veremos luego...
Más tarde supe por qué hacía aquello... pero en aquel entonces no lo entendía... o quizá no lo quería entender. Sólo sabía que aquello me molestaba y él lo hacía por eso mismo.
En cuanto se despidieron de mí y se giraron en dirección a la posada, yo fui en dirección a mi casa... mi antigua y deshabitada casa. No tarde demasiado. Como ya he contado, el pueblo no era demasiado grande, así se podría decir que casi todas las calles daban al resto, comunicándose entre sí como si fueran un hormiguero. Todavía recuerdo la gracia que solían decir algunos pueblerinos del lugar: “Grydor... Villa de cuatro calles mal contadas que, si te despistas, a los dos pasos te has salido de ella”... ¡Qué recuerdos!
Cuando llegué, la casa tenía el mismo cartel que le puse en la puerta hacía 3 años más o menos, el cuál ponía ya en letra casi ilegible “ABANDONADA”. Comencé rodeando los alrededores de la pequeña finca para ver si aún seguían ciertos aspectos imborrables de mi memoria, que ésta todavía conservaba. Allí estaba la cruz de madera que puse en memoria del abuelo a los dos días de su muerte. Me hubiera gustado poder enterralo allí mismo para tenerlo cerca de la casa, donde vivió una buena parte de su vida, pero como no pudo ser así, yo mismo hice aquella especie de “in memoriam” en su honor. Recuerdo que me agaché poniéndome de puntillas y dije alguna típica gilipollez por si, en algún lugar, todavía me podía oír... pero, como no recuerdo exactamente qué fue lo que dije, mejor que nos saltemos ese paso de mis recuerdos y vayamos a lo importante.
Cuando decidí entrar quise hacerlo por una de las ventanas traseras que estaba atrancada. Todavía recuerdo que era el único, junto con Jack, que sabía como abrirla desde fuera, pero cuando giré la esquina de la finca en donde se supone que estaba la ventana, vi que ésta estaba abierta. Me extrañé muchísimo... ¿Cómo podía ser? Sólo Jack y yo sabíamos cómo abrirla... ¿Alguien más supo de aquello? Imposible. La única respuesta posible era... ¡¡Jack!! ¡¡Jack había venido de verdad y había entrado en nuestra casa!!
Corrí y salté la ventana con gran ímpetu... tanto, que, con las prisas, al entrar tropecé y caí rodando por los suelos. Después de aquel golpe, me lleve las manos a la cabeza y, al intentar levantarme, me dí cuenta de que no estaba solo en aquella habitación...
Al alzar la vista observé un individuo dándome la espalda. Con la caída, no sólo levanté un poco de polvo sino que estaba un poco aturdido, por lo que no conseguía ver bien del todo. Al darme cuenta de la situación, abrí los ojos como platos de la sorpresa que tenía y, con miedo, le dirigí la palabra...
-¿Jack...? ¿¡Eres tú... Jack!?
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