Gäel cambió de cara. No fue un cambio radical, pero sí se le notaba cierta expresión de sorpresa disimulada en la cara... como si aquello no se lo esperara. Gäel no era fácil de sorprender, pero he de admitir que mi absurda salida dejaría un poco traspuesto a quien fuera.
-Gäel... Pero, si él es...
Ante su sorpresa, Gäel interfirió instantáneamente a Nessa.
-Si... Sé perfectamente quien es...
Después de este comentario, intenté hacerme el sorprendido, aunque no demasiado. Tan sólo como si no supiera de qué estaban hablando. Sin embargo, dentro de mí se me mezclaba la sangre con la adrenalina. Me estaba poniendo nervioso por momentos y creía que me iba a poner a sudar a mares de un segundo a otro. Tragué saliva y, cuando me dispuse a hablar, Gäel retomó lo que iba a decir.
-¡Él es el famoso Maeglin! ¡El conocido “Fibber” en los carteles de “SE BUSCA” como “el monstruo”! ¡Hahahahaha!
Cierto... en aquel entonces me hice llamar “Maeglin”... aunque eso es otra historia.
En ese instante me quedé un poco aliviado de toda la tensión anterior... pero a la vez me cayó una montaña encima de mi cabeza. ¿Por qué no me reconocía? ¿Sabía que era yo realmente y estaba siguiéndome el juego, o de verdad había borrado de su configuración de datos la existencia de un idiota de su pasado llamado Daren? En cualquier caso, yo me lo había buscado y, en cierta manera, me venía más o menos bien que las cosas sucedieran de aquella forma tan rara.
-Pero... si... él es...
-Que sí, Nessa, es el fugitivo buscado como si fuera otro perro sin collar. Pero no te preocupes, algo me dice que este perro no le hace falta collar por que lo pintan más agresivo de lo que es.
Realmente me desconcertaba. Mientras decía ésto, Gäel sonreía tranquilamente sin preocuparse lo más mínimo y yo sabía que, detrás de aquella sonrisa, escondía algo. Probablemente si que sabía quién soy y lo estaba escondiendo a la vez que me seguía la corriente. Gäel siempre había sido un buen cabrón. Fuera como que fuese, no le di mayor importancia.
-¿A dónde se dirige, señor “Monstruo”?
Aquella manera de hablar me sacaba de quicio. Tras tantos años... y seguía sabiendo como decir las cosas para meter cizaña. Dicen que las personas suelen cambiar conforme pasan los años. Gäel no... Él no había cambiado un ápice su forma de ser. Cómo no, por dentro me reconcomía poco a poco una minúscula rabia... pero por fuera fingí no estar apenas afectado por sus palabras. A fin de cuentas, yo mismo me había hecho el loco como si no reconociera a nadie. Tenía que pensar, hablar y comportarme como tal. Yo solo me había metido en aquel fregado.
-Escuché hace poco que había una especie de torneo de combates entre personas que supieran usar los elementos y tal... aquí en Grydor. Y por lo que veo...
Gäel no me pasaba una. De nuevo me interrumpió.
-¡Humph! Casualidades de la vida. Nosotros también vamos a participar.
-¿Canalizantes?
-¡Hahaha! No, nosotros somos mucho mejor que esa chusma que no son más que críos que tientan a la suerte. Nosotros absorbimos los poderes directos de...
No sabía del todo si lo que iba a decir era lo correcto, aunque tampoco quedaban muchas alternativas por elegir en aquella conversación.
-...“Piedras Elementales”.
-Míralo, ¡el señor buscado por la ley hace sus deberes! ¡Hahaha!
En cierto modo, me lo esperaba. Karl había estado en Asuntos Internos de la internacionalmente conocida Dracoon... Era más que obvio que, al igual que a mí me utilizaron para un experimento con Piedras Elementales, a él lo convencieran para ser imbuido con el poder de una de éstas. Gäel fue siempre de carácter ambicioso, así que no era de extrañar que hubiera encontrado una y hubiera adquirido su poder a propósito. Pero Nessa... era una de las últimas personas que me imaginaba que tendría ese tipo de poder. Recordé que habían dicho que querían participar en el torneo, así que no dudé en informarme sobre sus intereses.
-Nessa no quiere participar... porque como es una sosa...¡Hahahaha!
Karl no se cortaba un pelo con las bromas.
-¡Y tú eres un capullo! ¡Que tú sólo participas por el dinero!
-¡Y a mucha honra! ¿Te crees que soy tonto? Lo primero... ¡es el dinero!
No sabía por qué, pero en cuanto miré a Gäel me esperé su respuesta.
-Yo sólo busco rivales a mi altura...
Con esta frase, ambos compañeros callaron. Él simplemente sonrió mientras me miraba, como si esperara algo de mí. De momento, me preguntó algo que nunca me esperaría por su parte.
-¿Te quieres venir? Ya que podríamos llegar incluso a pelear en la final, podría estar bien que nos conociéramos por el camino.
No sabía si era falsedad o si intentaba reconciliar un pasado que, entonces a mi entender, no tenía reconciliación. Tampoco tenía la intención de dejarme contagiar fácilmente, como cuando era más pequeño, por un sentimiento como lo era la camaradería... un sentimiento que años atrás provocó en mí un verdadero trauma. Acepté, pero fingí que tampoco me interesaba demasiado la oferta.
-¿Por qué no? Aunque tampoco es que haya venido hasta aquí para hacer amigos...
Dicho ésto, comencé a caminar en solitario adelantándome en la ruta, alcanzándome ellos en poco menos de un par de segundos. No pensé demasiado en ello... pero, cuando me quise dar cuenta de lo que estaba haciendo, comenzó a corretear la adrenalina de nuevo por mis venas... ¡Por dios! ¡Que sensación más desagradable!
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