Mientras el público terminaba de aplaudir y vociferar, el árbitro se daba la vuelta y nos enseñaba una hoja de papel. Era la hoja del reglamento y la clasificación de los 8 participantes del torneo, con sus respectivos turnos de combate. Nos la entregó para que la fuéramos pasando y mirando uno por uno. No me había fijado en quiénes habían participado aquel año hasta el momento en que miré aquel papel. Ninguno de los participantes me sonaba de nada, salvo uno de ellos, el cual estaba seguro que ya había visto en alguna parte... “Fuu Swiftwind”. No le di mayor importancia de la que creía que tenía en ese momento y pasé el folio, tras mirar con quién me había tocado. Cando vi quién era, blasfemé y maldije todo lo posible en voz baja. Cuando Karl me vio murmurar, se preocupó en preguntar.
-Eh, tú, cara-muermo. ¿Qué te pasa?
-¿Eh? ¡N-no, no! ¡Nada!
Pero no era así... ¡Por supuesto que me pasaba! ¡Me había tocado enfrentarme a... una chica! No podía negar que fuera hermosa... una preciosa y larga melena negra, unos ojazos de un color verde brillante, labios lo suficientemente carnosos... y además... ¿por qué no decirlo? también estaba muy... “dotada”. Era muy... “exuberante”, ya sabéis lo que quiero decir, ¿no? A pesar de todo esto, ese no era el verdadero problema...
-¡Hahahaha! Ya sé cuál es tu problema, Maeglin... ¡No quieres pelear contra una chica! - Gäel se anticipó a lo que estaba pensando - Aunque no te culpo, yo tampoco sería capaz de tocar ese par de hermanas que tiene colgando... ¡son demasiado... buff!
-Pues fíjate, ¡yo si que sería capaz! ¡Y tendría dos buenos motivos! ¡Uno para la izquierda y otro para la derecha! Hahaha - Karl siempre con su mordaz humor.
-Anormal, ¡que yo tengo novia!
-Tú lo que eres es un marica... Hahaha.
No me importaba tener que golpear a una mujer, mientras tenga motivos para hacerlo. Aunque la cuestión es que, por mucho que me lo dijera a mi mismo, sabía que no podría hacerlo. Sin embargo, no solo estaba el problema de que “fuera chica”, sino que además me había tocado el primer combate. Era desquiciante... mi propósito principal era mantenerme al margen sin luchar todo el tiempo posible para observar como ocurrían los acontecimientos... ya que sabía que Jack podía aparecer en cualquier momento o que la otra persona que estaba esperando pudiera mover ficha cuando menos lo esperara.
Mientras aquellos dos seguían su conversación de besugos, yo seguía mirando, no solo a la que me había tocado como contrincante, sino a los demás participantes... Estaba aquel tipo, Fuu Swiftwind... que no conseguía saber aún dónde lo había visto. Luego estaba también mi contrincante, Luanne Hilltit... que, quitando su “exuberancia”, no conseguía desentrañar el aura de misterio que la envolvía. Una chica tan joven y hermosa... ¿para que querría participar en un torneo como aquel? Y, ¿para qué querría una Piedra Elemental? Bueno... en realidad, aquella pregunta se podía aplicar a cualquiera de los participantes. Y por último estaban tres individuos que, sinceramente, eran muy extraños. Vestían los tres de la misma manera y resultaban extrañamente parecidos entre si... Eran tan enormes, aunque, a mi parecer, en aquel momento solo me parecían tres bichos raros.
Una vez habiendo sido vista la hoja por todos los alistados al torneo, el árbitro se la devolvió a otro árbitro, éste vestido completamente de negro, que estaba sentado en una mesa y después procedió a continuar.
-Que los participantes de la primera pelea, Luanne Hilltit y Maeglin, se queden en el área de combate. El resto, podéis ir a descansar y ver el combate desde donde queráis
Me quedé al lado izquierdo del árbitro, y mi contrincante hizo lo mismo en el otro lado. Volvimos a hacer una reverencia al público, el árbitro se apartó de nosotros, llegó hasta la mesa donde estaba el otro árbitro, nos miró y volvió a hablarnos.
-¡Comenzad!
La gente, efusiva, empezó a gritar y a silbar, como locos sedientos por ver sangre derramándose por el empedrado. De repente, la chica se giró hacia mi y comenzó a hablarme.
-Cariño... sé que soy irresistible, y por eso te voy a perdonar que antes me miraras los pechos.
Me quedé con la boca abierta. ¡Aquello era increíble! Intenté contestarle pero ella retomó la palabra.
-... lo que si que no te voy a perdonar es que me toques ni un pelo. Por muy gallito que te pongas, la ganadora de esta pelea voy a ser yo... quieras... o no quieras. Y, como estoy así de buena, sé que vas a abandonar sin intentar pelear contra mi.
Hablaba de una forma un tanto sensual... mezclaba su voz dulce y agradable con una manera lenta e irresistible de pronunciar todas las palabras. Sé que lo hacía adrede, y eso me cabreaba. Era como si tan solo por estar despampanante tuviera que ser hipnotizado y dejar que se saliera con la suya.
-Y... ¿de verdad te crees que alguien tan sumamente superficial como tú me va a hacer abandonar el combate solo pidiéndolo de esa forma?
-Pues si... eso he dicho... Venga, cielo. Si lo haces, creo que sabré como... re-com-pen-sar-te...
Cuando dijo esto, fue curvando la espalda lentamente y poniendo las manos sobre sus rodillas, de manera que dejó ver como sus brazos apretaban sus senos entre si, mostrando un escote que dejaría petrificado a cualquier hombre que lo mirase. Obviamente, yo no soy un superhombre ni soy de piedra... Aquella visión me dejó temblando. Sin embargo, y dejando de lado esta parte, lo importante era que no podía luchar contra aquella especie de embriagadora y angelical súcubo. Comenzaba a derramar gotas de sudor por toda la piel y la gente comenzaba a quejarse sobre por qué no comenzaba el combate... exceptuando a Karl, siendo el único que gritó algo sin ser precisamente una queja.
-¡¡Llevatela al huerto y dale manubrio!!
Aquel comentario provocó la risa de todos los miembros del estadio, a excepción de Nessa, que comenzó a pegarle en el brazo mientras éste se reía a carcajadas.
Tenía que hacer algo y pronto... Debía de ganar aquel combate y durar el máximo de tiempo posible en el torneo, pero no podía tocarla. Entonces lo vi claro: por mucho que no quisiera, solo había una solución posible.
-Humph... está bien, tú ganas. Haré lo que dices - Sonreí como un bobo.
-¿Si? ¡Qué bien! ¡Eh, árbitro! ¡Mi contrincante dice que se... ! - No le di tiempo a acabar.
Mientras disfrutaba distraída de su falsa y prematura victoria, aproveché cuando ya no me miraba para efectuar mi táctica. Corrí hacia ella rápidamente. Cuando quiso darse cuenta, ya era demasiado tarde. No pudo hacer nada por evitar que me abrazara a ella de un salto. A los pocos segundos, comenzó a palidecer y quedarse sin respiración. Todo el estadio enmudeció, aunque de nuevo se rompió el silencio, escuchando como Karl decía “¡¡Mirad, me ha hecho caso!!”. Una vez que la muchacha terminó de deslizarse entre mis brazos y cayó al suelo, el árbitro se aproximó al instante. Le dije que tan solo había sufrido un mareo por falta de respiración, pero que se encontraba bien. Éste comprobó que así era, cogió mi mano, la levantó y se dirigió al público.
-La participante Luanne Hilltitt no puede continuar el combate. Maeglin es el vencedor.
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