Inmediatamente, aquella silueta se giró, aunque a su aire y con poca prisa. Estaba encapuchado y no se le podía ver la cara apenas. Una vez recompuesto, conseguí identificarle y se me pasó de golpe toda la exaltación. Me dirigí hacia él con muy pocas ganas.
-Ah... eres tú...
-¡Vaya un saludo! Recuerda que tu vida cuelga de un hilo en este mismo instante... y, si quisiera, no me llevaría ni dos segundos llevarte ante el jefe.
-Que si, que si,...Ve a lamerle el culo a tu jefe con tu lengua de perro faldero. ¿Qué has venido a hacer aquí?
-Esa actitud arrogante siempre me ha gustado... aunque ya sabes que tanto los de arriba como los de abajo podemos ver los sentimientos de los humanos y la apariencia de sus almas en cualquier momento. No hará falta decirte que en este instante tú...
-Tic, tac, tic, tac,... ¿Has terminado? El tiempo corre. Bien, ¿me vas a decir qué cojones haces aquí o qué? Porque no habrás venido de paseo, digo yo.
-¡Hahahaha! ¡Buena salida! No, que va... Sabes que siempre que vengo aquí es por trabajo.
-¿Trabajo? - Me quedé unos segundos callado y después de soltar un pequeño suspiro volví a dirigirle la palabra -¿Qué quieres de mí?
-Nada... tan sólo que ya sabes cómo es el jefe... y no le gusta que le quite el ojo demasiado tiempo a nuestros, ¿cómo decirlo...? “Clientes”... hahaha.
-No te pases de listo. Déjate las bromas y suéltalo ya.
Ahora pude verle bien la mitad de su cara. La levantó levemente hasta que pudiera verle de nariz para abajo. Como de costumbre aquel individuo sonrió de una forma demoníaca... Era una sonrisa que conseguía sacar de quicio a cualquiera.
-Recuerdas el 'pacto'... ¿verdad?
Me quedé asombrado. ¿A qué venía esa pregunta en aquel momento?
-¿A qué te refieres? ¡Claro que me acuerdo! ¿¡Es que vienes a hacer de niñera o algo así!?
-Humph... No te molestes tanto, hombre. Ya sabes, “el trabajo es el trabajo”... Yo tan sólo me dedico a hacer lo que diga el jefe...
Mientras decía todo esto estuvo paseándose por el pasillo como si no le importara nada todo aquello, pero justo cuando acabó la última palabra se paró de golpe y al instante se teletransportó detrás de mí. Me giré asustado... tanto que casi me caí de espaldas. Fue en ese momento de tensión cuando le puede ver los ojos. Estaba en una posición en la que ninguna luz podía iluminarle la cara... pero poco importaba, por que allí estaba su mirada fulgurante... esos ojos de color rojo sangre que parecían tener un brillo propio e independiente de cualquier tipo de luz.
Tras unos segundos, siguió su frase...
-... y el jefe quiere saber por qué tardas tanto. Ahí abajo no cumplimos nuestras promesas para nada. ¿Cuál es el motivo de tu demora?
Incluso su tono de voz no parecía el mismo. Estando a una distancia de unos pocos centímetros, mirándole a aquellos ojos y escuchando aquella tenebrosa voz que parecía que se me metía en las mismas entrañas, conseguía poner mi corazón a un ritmo vertiginoso. Hacía que una adrenalina hirviente se apoderara de mis venas... como si las fuese a derretir.
Unos segundos más tarde conseguí recomponer la postura y tranquilizar mi atribulada mente.
-¡Humph! Si de verdad sois tan “listos” y podéis ver a través de las almas entonces podréis ver perfectamente que no sólo soy de los que cumplen las promesas, sino que también tengo la conciencia tranquila de hacerlo lo más rápido posible, ¿¡no!?
-Ahora el que se está pasando de listo eres tú, ten cuidado.
Después de decir esto, eché a andar por el pasillo hasta llegar a lo que en un tiempo fue la habitación de mi hermano. Sabía que allí encontraría lo que buscaba. Al llegar, aquel individuo ya estaba allí... lo normal de poder ir de un espacio a otro a velocidad ultrasónica. Intenté no fijarme en él. Yo tan solo iba a lo mío.
Comencé a rebuscar en el armario y en varios cajones del mismo mientras ese tipo me seguía sermoneando.
-¿Nada que decir...? ¿Eh... Daren?
En aquel mismo instante lo encontré: Un falso fondo dentro del armario. Lo quité con sumo cuidado y, envuelta por viejos telares y por una gran cantidad de polvo, allí estaba. La desenvolví poco a poco, como si de un tesoro se tratara.
-Ya te he dicho que no te preocupes... Os dije en su momento que me llevaría su tiempo, pero que cumpliría el pacto.
Me incorporé y terminé de quitarle los telares a aquella preciosidad. La levanté por encima de mi cabeza y contemplé su hermosura: Aproximadamente un metro y un par de centímetros de arma, una espada doble unida en el centro por un mango de cuero grueso e impermeable. Unas hojas de doble filo decoradas con extraños, a la vez que hermosos, tribales e indescifrables letras antiguas. Dos finas y no muy grandes joyas, de un bello color azul marino, engarzadas a las empuñaduras de cada sable. Y, tal y como me había imaginado, las letras del nombre de mi abuelo grabadas a fuego en una pequeña parte del mango. El tiempo no había hecho estragos en aquellas inmaculadas letras, todavía se podía leer de manera nítida aquel nombre: “J O S S”.
Mientras enfundaba de alguna manera aquel arma en una vieja funda de cuero, guardada al mismo lado donde se encontraba ésta, me giré hacia aquel ser, aún casi desconocido para mí, y completé la frase que había dejado a medias.
-Cumpliré todos mis objetivos... Pronto terminaré con lo que empecé hace un año, y entonces... podréis hacer con mi alma lo que se os antoje, ¿queda claro?
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