Al sonar el viejo despertador que me traje de cuando estuve alojado en la compañía “M” de Dracoon, tuve la sensación de que estaba en otro sitio. Además, me caí de bruces al saltar de la cama al levantarme, por culpa de que tenía la pierna izquierda dormida. Suelo ser alguien de sueño profundo a quien le cuesta despertar, pero aquel día casi me falta tiempo para darle un manotazo al cacharro y caerme al suelo.
Me pasé desde poco menos de medianoche hasta no recuerdo qué hora bebiendo de una vieja botella de licor que había en uno de los estantes de la cocina... y al despertar todavía la tenía en la mano. Curioso, ¿verdad?
Tenía suerte de que los licores de la zona eran famosos por durar bastante, sin echarse a perder... aunque, a pesar de eso, ya os podéis hacer una idea de la noche que que pasé: Casi borracho, cogiendo la botella como si importara más que mi propia vida, recordando viejos tiempos de cuando era niño y mirando desde la ventana de mi habitación al estrellado cielo de aquella noche. Sinceramente, una imagen un tanto triste.
Volviendo a cuando me desperté, yo ya sabía de sobra la hora para las inscripciones del torneo, así que no dudé un segundo en tirar el poco licor que quedaba en la botella, abrí el grifo de la cocina, comprobé que el agua seguía potable, recargué la botella de agua hasta la mitad y, después de asegurar la funda junto con la doble espada que tenía enfundada, salí por la ventana por la que había entrado el día anterior a casa. Por si acaso lo estáis pensando... si, al salir me volví a caer al suelo. Una vez me levanté, intenté abrir los ojos pero la luz solar y el alcohol que todavía guardaba en mi cabeza hicieron estragos en mí. Cuando me acostumbré por fin a la luz del sol, en seguida miré por si la botella había recibido algún golpe, eché un trago rápido tan solo para enjuagarme la boca de aquel sabor empalagoso que tenía y escupí al suelo. Después me quedé mirando por última vez la tumba del abuelo antes de partir y comencé a caminar dando sorbos a aquel agua que se había mezclado con el poco licor que pudiese quedar.
Conociéndoles, sabía que estos tres no se despertarían hasta que quedara apenas media hora para que comenzaran las inscripciones, así que me lo tomé con calma hasta llegar a la posada. Para mi sorpresa, tan solo tuve que esperar veinte minutos en el portal de la vieja posada hasta que salieron de allí.
Karl fue el primero en saludar, cómo no, a su manera.
-¡Tú! ¡Fantasma! ¿Desde cuándo estás aquí fuera?
-Acabo de llegar... - Mentí.
-¿Y eso que no has venido esta noche a la habitación?
-Me entretuve... Cosas mías...
-¡Pues nada, nada! ¡Ya estamos todos! ¡Ya podemos ir al torneo! - Gäel salió con mucha energía de la posada, todo lo contrario que Nessa, que estaba algo apática.
-¿Te pasa algo, chica? - Pregunté.
-¿Eh? No, no,... que no he dormido bien, nada más...
Sabía que mentía, pero tampoco quería inmiscuirme en nada que no me importara. Tenía que seguir actuando como si los acabara de conocer.
Mientras caminábamos hacia el torneo, Karl, Gäel y Nessa conversaron entre ellos y, de vez en cuando, me incitaban a participar en la conversación. Yo tampoco es que tuviera mucho de qué hablar, pero me dí cuenta de que, sin querer, en apenas un momento me metí de lleno en la charla.
También noté a Gäel algo menos tosco y acribillante que el día anterior. No quiero decir que siempre haya sido así... tan sólo que me sorprendí del cambio de actitud que había hecho ese día.
En pocos minutos llegamos a la zona donde se realizaría el torneo. En realidad, la zona estaba fuera del mismo Grydor, establecido en, lo que los del pueblo lo llamábamos desde hacía tiempo, “las Ruinas Origen”, ya que parecían datar de tiempos de los primeros colonizadores.
Había llegado muchísima gente ya, tanto del pueblo como de fuera del pueblo. Sin embargo, cuando fuimos a inscribirnos, vimos la pequeña cantidad de personas que se habían inscrito. Incluyéndonos a nosotros tres, tan solo eran ocho los candidatos inscritos... Era un poco triste observar aquella situación: Ya se sabía de los intentos de la alcaldía del pueblo por fomentar las recaudaciones de dinero en sus arcas. Pero lo de explotar aquella zona calificada como “patrimonio cultural” ya me pareció ir demasiado lejos... y más aún al ver la poca gente que había acudido al tan “grandioso” acontecimiento.
Unos 10 minutos después de habernos inscrito, una voz comenzó a salir a todo volumen por el sistema de megafonía.
-¡Buenos días! ¡Damas y caballeros! ¡Sean bienvenidos al primer torneo nacional de Adeptos Elementales... ! - Mientras sonaba aquella voz, Gäel y Karl se cuestionaron el término “adeptos”.
-¿Adeptos? Humph... ¿Qué será lo próximo que nos llamen?
-Ya no saben qué inventarse, ¡hahaha!
La voz del altavoz continuó vociferando.
-¡El primer premio será una misteriosa Piedra Elemental... !
Ya veis... La principal atracción de aquel torneo resultó ser una Piedra Elemental... Me sorprendió enormemente, no sabía cómo lo habían hecho para hacerse con una de ellas... y menos aún como para ofrecerla de primer premio.
-¡... y sin más dilación, que los contrincantes se adelanten hasta el centro del estadio y saluden al público!
¿Estadio? ¡Aquellas ruinas ya habían sido resignadas a ser estadio de peleas! Era increíble todo aquello...
Nos tuvimos que alinear en el centro de una especie de plazoleta que aún conservaba de alguna forma el empedrado del suelo. Saludamos al público, mientras éste aplaudía con entusiasmo, y un árbitro, trajeado típico de negro y rojo, libreta en mano y silbato al cuello se puso en medio de todos nosotros dirigiéndose al público.
-Señoras y señores... Puede dar comienzo el torneo.
Un bullicio de gritos, silbidos y aplausos nos rodeó desde todas las partes del graderío que se presentaba en aquella forma de media luna.
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